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Los Reyes republicanos – Por Claudio Andrada Félix

   

A la vista de lo que ha ocurrido desde que la economía mundial decidió poner en jaque a toda la población, me refiero a los afortunados que trabajan, e incluso a los que cada día de la larga semana de una familia lo intentan, está claro que los Reyes Magos de Oriente se han vuelto más sensibles de lo habitual y, al parecer, han convenido traer este año cosas que no cuestan dinero, pero que, en realidad, suponen un esfuerzo gigantesco de imaginación para los que las reciben. Precisamente por eso, esta mañana, al abrir los regalos, mi familia se ha encontrado con cajas llenas de cosas vacías: mi hija abrió un paquete a su nombre que llevaba adherida una etiqueta que le aventuraba un futuro escolar en el que no la discriminarían por proceder de una familia humilde, además de una tímida promesa de felicidad y un bote de perfume con aromas de clase para que nunca olvide de dónde viene y a dónde va. Para mi compañera, mujer, o “lo que sea”, no tuve más remedio que pedirle un contenedor de paciencia y tolerancia. No se imaginan ustedes lo que le hacía falta. Es que con esto del paro y la falta de recursos, cada día que pasa noto con mayor claridad cómo se le estira su sonrisa y, aunque no me lo diga, porque ella es así, se le hacen surcos en su alegría y tengo el temor cierto de que en cualquier momento va a explotar y va a cubrir toda la casa con la piel de lágrimas que siempre fabrica a escondidas. No me engaña. Sé que le hubiera gustado que le dejaran para estas fechas unas esquirlas puntiagudas de esperanza, o como ella dice, menos miedo y más conciencia de la que mueve y no paraliza. Pero es inútil. Y mira que le digo que debemos dedicarnos a lo nuestro, que nadie nos va a venir a solucionar la vida… pero es insistente. Y, claro, los Reyes Magos, a sabiendas de que tanto ella como yo somos republicanos, no han tenido otra salida que envolver nuestras ilusiones en papel reciclado; nuestros argumentos, atados con la lealtad de los humildes; las esperanzas, pintadas con color rojo, a ver si se despistan los enemigos que las esperan verdes; y para finalizar, en un paquete aparte, al lado del balcón con humedades, dejaron un trozo de rebeldía a punto de estallar, adornada con la voluntad inequívoca de seguir siendo quienes somos, pequeños, frágiles, insignificantes…, pero con la certeza de que los que sufren sólo pueden tener como destino la victoria y la justicia.