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Ricardo Tavío – Por Isidoro Sánchez

   

Eran las ocho de la mañana del día 5 de enero de 2014. Abrí la ventana del despacho y saqué unas fotos al Teide, como casi siempre. Confiaba en poder divisar a los Reyes Magos que caminaban desde oriente hacia el valle de Taoro. Me acordé que ese día había nacido en 1913 el profesor portuense Telesforo Bravo. Continué escribiendo un capítulo del libro que estoy preparando sobre la historia eléctrica de mi villa natal, La Orotava. Después de desayunar comencé a caminar por la zona para cumplir las condiciones que me impusieron los doctores que me operaron hace algunos años de la columna. Subí hasta El Durazno para sacar a mis nietos a pasear y uno de mis hijos me comentó que había leído en un periódico digital el fallecimiento de Ricardo Tavía Peña. Compañero y sin embargo amigo. Entonces se me fundieron los plomos. Temía, por la información que me habían trasladado en los últimos días acerca de su delicado de salud, que pronto se marchase de viaje a los cielos del Atlántico y del Caribe. Él se lo imaginaba y me lo comentó por teléfono no hace mucho cuando le llamé para organizar una comida con Paulino Rivero y Paco González, ambos amigos y compañeros comunes. Del primero por la etapa que compartimos como consejeros del Cabildo de Tenerife por ATI, junto a Beatriz Fajardo, Elías Bacallado y Antonio Buenafuente; y del segundo por el colegio de las Escuelas Pías. Paulino no había podido asistir a los actos del homenaje que el Cabildo le ofreció cuando le nombró Hijo Ilustre de Tenerife, ni a la comida informal turística cultural que un grupo de amigos le habían organizado camino de Las Mercedes, en La Laguna. Con Ricardo compartí ratos vitales de mucha enjundia. En el deporte, en la política y en la música. Inolvidables un campeonato de baloncesto universitario en Madrid en los años 60 y la candidatura a la presidencia del CD Tenerife cuando irrumpen las sociedades anónimas en el fútbol; nuestros cuatro años en la oposición en el Cabildo (1983-1987), donde alternamos el norte con la zona metropolitana y con el sur; el viaje al Parque Nacional de Garajonay para presentar el libro de Gloria Gallas; en la música, los “conciertos” del trío que formamos con Miguel Ángel Barbuzano cuando viajamos a La Palma y regresamos por el sur de Tenerife. O las reuniones turísticas en el Puerto de la Cruz con Paco y Segismundo, en el Girasol. Siempre me halagaste nombrándome ser tu “presidente” político y yo te respondía con la “cubanía” que heredaste de tu padre, nacido en Manzanillo. Con tu marcha dejas un vacío importante en la sociedad de Tenerife, a todos los niveles. Sobre todo en lo humano y técnico. En el mundo del transporte y en el sector del turismo, en el deporte y en la cultura. Estoy seguro que tu familia y tus amigos nunca te olvidaremos.