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Suicidio electoral – Por Jorge Bethencourt

   

Uno de los clientes de Alberto Ruíz Gallardón, a quienes el ministro de Justicia ha dedicado la nacionalización del cuerpo de las mujeres en la nueva ley contra el aborto, ha lanzado lo que parece una nueva petición al PP para que siga legislando en un regreso a las cavernas del franquismo. El obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López, considera que el matrimonio homosexual fomenta el clima de violencia en la familia y provoca el aumento de hijos con graves perturbaciones de la personalidad.

Naturalmente eso pasa por cojones. Es decir, el señor obispo no establece por qué razones sucede lo que él afirma que sucede. Ni presenta un triste dato estadístico. El desparrame obispal continúa cuando afirma que los efectos del matrimonio gay son “el debilitaniento del amor duradero” lo que nos lleva a descubrir que la mitad de los cincuentones divorciados y sus esposas van a ser (vamos a ser) en realidad unos mariconazos y lesbianas a los que se nos ha debilitado el amor.

Los militantes católicos y sus pastores siguen empeñados en que el resto de los ciudadanos, sean o no creyentes, vivamos de acuerdo a sus curiosas creencias y sistemas de valores. Un matrimonio sólo puede ser la unión de un hombre y una mujer. Y además para toda la vida. Claro que esta caterva de sepulcros blanqueados se calla que los matrimonios de reyes, príncipes famosos se disolvían a gusto de los poderosos en el tribunal de La Rota. Es decir, que el “amor duradero” era sólo para los desgracidados de la plebe. Y es posible que para el obispo de Segorbe sea más digerible la pederastría enfermiza de cientos de compañeros de sotana que la homosexualidad de adultos libres. Es lo que tiene ser de un gremio.

En el ampuloso código católico reina siempre el tremendismo. Condenas eternas. Un infierno a perpetuidad. Castigos estrambóticos… El catolicismo ha heredado de su primo hermano el judaísmo la afición por lo tenebroso y por el sufrimiento. El dios del amor se ha convertido en un ser vengativo y cruel. De ahí que la ultraderecha religiosa popular quiera más cambios legales. La condena de los homosexuales. Un matrimonio que sea cadena perpetua y acabar con el odioso divorcio que libera a las parejas. El regreso a aquella España casposa del palio y el ostión. Lo extraño es que el PP haya optado por el suicidio electoral, siendo que también está prohibido por quienes consideran que cualquier vida es propiedad de esa multinacional etérea con sede terrenal en el Vaticano.

@JLBethencourt