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Teresa y Bernhard – Por Román Delgado

   

Thomas Bernhard ha vuelto a copular en mi estantería de biblioteca y lo ha hecho en un día frío de lunes que también fue de Reyes. Llegó de la mano de María Teresa, la que primero me ofreció como regalo uno de sus textos, allá por… (¡échenle años!). Gracias a ese atento gesto, entonces en Madrid, por fortuna descubrí a aquel loco, maniático y obseso escritor austríaco que residió largas temporadas en España: un ser muy especial, brillante, singular, inigualable e inimitable, con universo literario propio, que es lo que más me importa e interesa en esto de las letras, del arte. Originalidad y coherencia, y ya me basta. El ejemplar de Bernhard transitó estos días encima de la joroba de algún camello infeliz o del lomo de un caballo sudoroso para llegar desde el continente, previa travesía oceánica, a esta isla guanche. ¡Y cuánto me alegro de que así haya sido! Lo de Mis premios de Thomas Bernhard (Alianza Editorial), que es el libro que desenvolví en la mañana de ayer, tiene su historia, porque esa publicación de Bernhard, que pronto se sumará a otras tantas leídas y disfrutadas del mismo autor (con posición number one y cariño supraterrenal para Corrección, por infinitas razones y muchas no narrativas), parte de otra elección que hay que apuntar a María Teresa, la encargada de comerle la oreja a los Reyes Magos, a todos o sólo a uno; y además se debe, y estoy seguro, al rebuscado entre recortes enmohecidos y amontonados en mi lata de reseñas bibliográficas. Ese título formaba parte de una montaña de obras encerradas en espacio sin atmósfera potable, referencias con sensación de fracaso por no haberse convertido antes en papel impreso de ensayo, poesía o novela. Mis premios y Bernhard, al menos esta obra (en el recipiente había más de él), lograron salir de la lata con olor rancio para respirar aire limpio de ventana entreabierta junto a objetos hermanos, y eso, que parece poco pero es un acto de creación plena fruto del azar, resulta tan relevante como la certeza del librero que aconseja Corrección a una lectora con criterio para que a su vez ésta se lo entregue a otro apasionado de las letras. Con ese simple gesto, humilde, valiente…, un primer libro de autor no leído se convierte en el lujo de descubrir un universo literario esplendoroso: justo lo que ha pasado con ese escritor maldito gracias a María Teresa. Y así hasta llegar a la pasión por Thomas Bernhard.

@gromandelgadog