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La Virgen no quiere volver a Puntallana – Por Agustín M. González

   

Se retrasa de nuevo el regreso de la patrona de La Gomera, la virgen de Guadalupe, a su ermita de Puntallana. Es ya la tercera vez que ocurre en las últimas semanas. El mal estado del mar en los alrededores del muelle del Cangrejito ha impedido hasta ahora el regreso definitivo de la imagen mariana, fijado inicialmente para el 14 de diciembre, tras peregrinar por toda la Isla Colombina con motivo de sus fiestas lustrales. El próximo intento será el 11 de enero. Cuando leí la noticia recordé la historia parecida sucedida en mi pueblo, el Puerto de la Cruz, con el Gran Poder de Dios, pero tres siglos atrás. Según cuenta el escritor y buen amigo Melecio Hernández, la imagen del Gran Poder que se venera en la parroquia portuense de Nuestra Señora de la Peña de Francia, es una talla sevillana de fines del siglo XVII que el capitán de artillería Pedro Martínez Francisco encargó para su pueblo, Breña Alta.

Por error el consignatario del barco que llevaba la imagen hasta La Palma la desembarcó en el muelle de Puerto de la Cruz. Según la tradición, cuantas veces se intentó luego reembarcar la imagen el mar se embravecía repentinamente, serenándose al volver al embarcadero. Vecinos y pescadores interpretaron este hecho como milagroso y consideraron que el Puerto era el lugar predestinado como morada del Gran Poder de Dios, que nunca llegó a Breña Alta. En su lugar tiempo después los portuenses enviaron un cuadro que aún figura en la parroquia palmera. Se dijo que fue “la voluntad divina” y pronto caló en la ciudadanía un hondo sentimiento de fervor popular por el Viejito, como conocen los portuenses al Gran Poder. Lo que ha pasado ahora en La Gomera con la imagen de la Virgen de Guadalupe es muy similar y, conociendo el fervor de los gomeros hacia su patrona, habrá quien asegure también que es un designio divino que el mar no la deje volver. O sea, que Nuestra Señora de Guadalupe quiere seguir de fiesta por sus pueblos y con su gente en vez de permanecer encerrada y aislada en su pequeña ermita de Puntallana.