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88 maníacos – Por Pedro Murillo

   

Primero fueron las concertinas: alambradas con cuchillas terroríficas que laceran la carne, en una valla infame. No bastaron las imágenes de inmigrantes con las extremidades destrozadas por las alambradas. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, resolvió el asunto con su galleguismo habitual consistente en no hacer nada y esperar a que la polémica se disuelva en el aire. Ahora hay 14 muertos que claman desde el silencio gélido. Los vivos, los de este lado, tenemos la obligación de hacer nuestra la rabia de tantas familias que han perdido a sus seres queridos en una playa española. No quiero entrar en la demagogia ni ser injusto. He visto a guardias civiles llorando de impotencia por no poder salvar del océano a un inmigrante o contar conmovidos como no pueden conciliar el sueño por las noches porque las caras, esas de los no muertos, los que desaparecen en el mar les siguen visitando cuando cierran los ojos. Me consta la dedicación y lo difícil que es hacer cumplir unas leyes absurdas y represivas pero lo acaecido en Ceuta debe hacernos, una vez más, salir a la calle para exigir la inmediata dimisión tanto del director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández, como del ministro del Interior, Fernández Díaz. Lo cierto es que la pléyade de ministros del Gobierno del Partido Popular haría las delicias de Tarantino. Es una lástima, porque le hubieran servido de maravilla para interpretar a los 88 maníacos que luchan a brazo partido con la inmensa Beatrix KIdoo. Empezando por Gallardón y su lesiva, antidemocrática, perversa, vomitiva, irracional y dictatorial reforma de la ley del aborto y acabando por el ínclito Fernández Díaz. Desde el primer momento, mintieron al explicar el suceso trágico de la pérdida de 14 vidas. Primero demonizando a los inmigrantes, gran parte de ellos procedentes del África subsahariana y exiliados por la crueldad y la muerte. Nos dijeron que eran jóvenes atléticos y armados pero la realidad fue muy diferente. En el vídeo que conocimos esta semana no había atisbo de ataque sino la desesperación de un grupo de personas que intentaban salvar sus vidas mientras desde la costa eran tiroteados con balas de goma. El ministro de Interior, tras cambiar su versión oficial, asevero que el uso de métodos antidisturbios fue racional, lo cual va muy en sintonía con el espíritu de su ley contra la ciudadanía. El grado de cinismo del ministro es inaceptable y nos tiene acostumbrado a ello. Es uso racional de la fuerza abrirle la cabeza a un estudiante al igual que está justificado desde el punto de vista racional él disparar a un grupo de náufragos. A pesar de todo ello, no habrá dimisiones y tal y como ocurrió con la Guerra de Irak, el 11M y el Prestige, el Gobierno del Partido Popular seguirá negando la evidencia de su ineptitud y estulticia mientras la ciudadanía seguiremos soportando las ocurrencias de los 88 maníacos.