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Aceite volcánico – Por Alfonso J. López Torres

   

El sector del aceite de oliva reviste una importancia notable tanto a nivel nacional como internacional. Desde su introducción en la Península Ibérica por parte de los romanos y árabes alrededor del siglo VI a.C., el olivo está considerado un símbolo de paz, felicidad y de la cultura mediterránea. No en vano, el olivar ha representado el sistema agrario productor de aceite por excelencia, la base de la agricultura de secano de los países ribereños y un sistema de producción basado en la excelente adaptación de la planta a las condiciones de sequía en sus áreas de cultivo. Esta capacidad de adaptación los ha llevado a viajar y expandirse desde su cuna a las más lejanas latitudes, como pueden ser nuestras Islas. La historia del olivo en Canarias comienza hace siglos con la conquista. El acebuche u olivillo es una subespecie endémica canaria que pertenece a la familia de las oleáceas, pariente silvestre del olivo que se cultiva para la producción de aceite y aceitunas, presente en la flora insular desde remoto, del que refieren que en tiempos pasados hubo grandes bosques. Su madera era utilizada para tallar utensilios de labranza, pastoreo, armas de defensa y de caza; el fruto se utilizaba como remedio popular y comestible, y el aceite, entendido como zumo de aceituna, quedaba reducido dado su escaso rendimiento productivo a una actividad familiar y a pequeña escala. Afortunadamente, en la actualidad, el cultivo del olivo en Canarias está en pleno desarrollo. Su gran adaptabilidad a determinadas condiciones ambientales, así como su alto valor agronómico, etnográfico y paisajístico hacen que sea un cultivo de futuro. En islas como Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura han ido creciendo progresivamente el número de agricultores que apuestan por este cultivo milenario y que ya han iniciado el camino de la comercialización de los primeros aceites de oliva virgen extra con sello del Archipiélago, caracterizados por sus intensos aromas afrutados, gran equilibrio y armonía en picor y amargor, que le dotan de una gran personalidad e identidad. Se están desarrollando diversas acciones, a través de las Administraciones públicas, encaminadas a la mejora de las prácticas agronómicas del cultivo, la recuperación del olivar tradicional, la promoción de las nuevas plantaciones, el fomento del asociacionismo y cooperativismo, así como el desarrollo de líneas de comercialización dirigidas a la obtención de un producto de gran calidad. El aceite de oliva, pues, es un subsector que se encuentra en Canarias en una fase naciente, razón por la que debemos desde el Gobierno regional animamos a los olivicultores a fomentar la unidad como factor de cohesión, perseverar en la apuesta por una constante mejora de los procesos y perseguir el objetivo de elaborar unos aceites singulares, de oliva virgen y raíz volcánica.

*DIRECTOR DEL INSTITUTO CANARIO DE CALIDAD AGROALIMENTARIA