X

Aguas movedizas – Por Pedro Calvo Hernando

   

Uno de los errores más garrafales de este Gobierno ha sido el desplante del ministro Wert al mundo del cine al no acudir a la gala anual de sus premios para evitarse las posibles manifestaciones de disconformidad de algunos de sus protagonistas. No sé si sabe este señor que ser ministro conlleva la posibilidad de la crítica en sus diversas formas y que eso es parte de la cultura democrática, como los escraches a personajes de toda condición, tal como los tribunales han dictaminado a propósito de aquella leve protesta en los aledaños del domicilio de la vicepresidenta del Gobierno. El titular de Cultura tendría que haber dimitido o ser cesado de forma inmediata ante semejante dejación de sus obligaciones más perentorias. Pero quien no dimite es porque piensa que tiene la razón en tales decisiones. La encuesta de Metroscopia lo coloca siempre en el último lugar en su índice de aceptación por los electores: es que los ciudadanos se equivocan también en esto, pensarán él y los suyos. La caída del PP de 14 puntos en esa encuesta igual arroja la realidad y ellos no se enteran. Lo que no necesita encuestas tampoco es todo lo relacionado con la imputación de la infanta Cristina, antes y después de sus seis horas de declaración ante el juez Castro. Es igual que la desimputen o no, o que la condenen o no. Eso no va a cambiar nada la convicción popular sobre la situación de la institución monárquica y sobre el color de los comportamientos de sus miembros. Solamente hay que abrir los cauces de la opinión del pueblo y salir a la calle y hablar con la gente. Wert no dimite y la infanta no renuncia a sus derechos de séptimo lugar en la línea de sucesión, algo que no significaría prácticamente nada. Pues adelante con los faroles, que así van y vamos a llegar lejos. Ahora vienen las elecciones al Parlamento europeo, que serán muy importantes para quienes reciben el apoyo popular y que no importarán nada para quienes las pierdan o no avancen significativamente. Este es el terreno en el que nos movemos los españoles de hoy. Terreno de aguas movedizas y de incertidumbre.