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Al sol que más calienta – Por María Fresno

   

No creo que hacer leña del árbol caído sea una buena opción. Ni siquiera profundizar en la herida es la vía más razonable cuando uno se equivoca. Además, soy de las que opinan que cuando alguien hace unas declaraciones desafortunadas y pide disculpas, la historia se acaba. Desde luego no seré yo quien defienda las palabras (repetidas hasta la saciedad) del director general del Servicio Canario de Empleo, Alejandro Martínez, hace exactamente una semana, pero lo cierto es que le han dado hasta en el carné de identidad. Martínez no es un político, más acostumbrado al acoso mediático, es un técnico que adolece de la prudencia política necesaria para saber que esas cosas, aunque se piensen, no se pueden decir en un medio de comunicación. Especialmente porque se trata de un tema en el que la sociedad es muy sensible. ¡Y cómo para no serlo con un 33% de paro!. La pregunta ahora es si debe o no dimitir, o si es permitible que es tipo de cosas se digan en público. Todos nos equivocamos, pero un cargo público, solo por el hecho de serlo, y sea o no político, debe tener una cierta preparación; no solo técnica (que se le presupone) sino también pública. No tiene el mismo efecto si dice estas palabras en una conversación en una cena de amigos, que si lo hace ante un micrófono y ante los periodistas. En el primer caso habla como Alejandro Martínez; y en el segundo como director general del SCE. Y hay diferencia. Por eso siempre he sido de las que opinan que para ser político, de primera o segunda línea, hay que tener una preparación; y no por defecto, es decir, por llevar años en política (que se coge más experiencia) sino académica y formativa. Son muchas las perlas que se han dicho en los últimos años. Recordemos, también hace unos días, las palabras de Luis de Guindos que mandó a tomar por C… a los periodistas; o la de aquella diputada del PP que, en plena crisis de desahucios, se atrevió a decir que en muchas de estas viviendas había televisiones y electrodomésticos muy caros. Sin irnos muy lejos hace poco un representante de una federación de ocio de Gran Canaria prácticamente mandó a su casa a las gordas y feas porque perjudican la imagen de la Isla. Improperios todos ellos y frases desafortunadas que, solo en el último caso, han tenido consecuencias, porque desde luego si algo sabemos y tenemos muy claro es que por mucho que se diga y por mucho que se haga, en este país no dimite ni Dios. Pero lo llevamos bien, porque tenemos buen tiempo.

@MariaFresno72