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Alejandro y Álvaro – Por Óscar Herrera

   

En el pomposo mundo del deporte, donde abundan los divos, las estrellitas y los que sacan pecho sin haberle empatado a nadie, siempre hay excepciones que da gusto encontrarte en tu labor diaria de periodista y entrevistador. Son gente con la que da gusto conversar aunque de por medio haya preguntas incómodas que son respondidas con naturalidad y con claridad meridiana. Los entrenadores de los dos clubes más importantes de la Isla, Alejandro Martínez por parte del Iberostar Tenerife y Álvaro Cervera del CD Tenerife, son el ejemplo más claro de esa sencillez y trasparencia de la que hablo. Cuando tienes con ellos un cuerpo a cuerpo periodista-protagonista te das cuenta de que son lo que son, sin dobleces y alejados del mundo paralelo, a veces también para lelos, en el que suelen habitar algunos profesionales del deporte que caen mejor porque te ríen las gracias. A Cervera lo conozco menos, pero todo lo que puedo decir de él en el aspecto personal es positivo, y eso no significa que esté de acuerdo con todo lo que hace o dice, pero asume esa crítica con normalidad. El entrenador del CD Tenerife suele entrar al trapo de todo lo que le preguntes, y suele dar respuestas que no son aceptadas por todo el mundo. Lógico, tampoco puedes gustar a todos. Cuando los tópicos tan a la orden del día en este mundillo se salen del guion establecido, aparece el personaje que de verdad vale la pena. Dicen que Cervera se defiende atacando. Puede ser, pero lo que está claro es que debemos admitir que los del otro lado también pueden decir lo que piensan. Con Alejandro Martínez sucede lo mismo. El pasado miércoles lo volví a entrevistar junto a mi estimado José Antonio Felipe, y fue un gustazo. Con preguntas comprometidas que fueron abordadas por el técnico aurinegro con la misma normalidad que las preguntas más domésticas de índole puramente deportivo. Alejandro y Álvaro son diferentes en carácter, pero si algo no se puede decir de ambos es que no vayan siempre de frente, y eso, en este mundo tan variopinto, produce más urticaria que el fútbol del Celta de hace 20 años .