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Arroz en Canarias y papas en Haití – Por Wladimiro Rodríguez Brito

   

Estos días hemos visto caer los precios de las papas para nuestros agricultores, ante unas importaciones que no sabemos si son papas dumping, bien con excedentes de la Unión Europea o bien papas anzuelo como técnica comercial. De cualquier manera, son nuestros agricultores los que sufren una vez más esta situación, ya que no cubren los costes de producción con los precios actuales, lo que en Canarias significa conseguir al menos entre 0,40 y 0,60 euros por kilo (no olvidemos que hace unos años producíamos para autoabastecernos e incluso exportábamos papas). Esta situación ha dado lugar al descenso de la superficie cultivada, ya que hemos pasado de más de 15.000 hectáreas a unas 4.000 en este momento. Como consecuencia, a la pérdida de puestos de trabajo y a la creación de una situación de intranquilidad para los maltratados agricultores que aún existen en las Islas. Los datos son contundentes. Téngase en cuenta que en 2011 importamos 65 millones de kilos, superando esa cifra con los 83 millones del año 2012, y aún no contamos con los datos del pasado año. Todo ello genera numerosos interrogantes sobre costes de producción, fletes, margen comercial, etcétera, ya que sólo los fletes significan más de 0,10 céntimos por kilogramo, o incluso las dudas que hay sobre cuándo se arrancaron las papas y su procedencia.

El título de estas líneas puede parecer contradictorio, pero lo asociamos a la historia reciente de lo ocurrido en la república de Haití con el cultivo del arroz y las obligaciones que establecieron el Banco Mundial y el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, que obligaron al presidente de Haití, Jean Bertrand Arístides, a reducir los aranceles al arroz bajándolos del 50% al 3%, arroz mayoritariamente subvencionado en USA, lo que redujo los costes del arroz para los haitianos en el 40%. Esto dio lugar a la huida del campo de gran parte de los agricultores, ya que no podían competir con los precios del arroz subvencionado internacionalmente y, como consecuencia, se produjo una huida de los agricultores hacia Puerto Príncipe y hacia la emigración, quedando los campos haitianos cubiertos de maleza y de erosión, arruinando así una cultura campesina y una economía pobre de subsistencia en la parte occidental de la Española. Esta situación ha generado el empobrecimiento por todos conocido, porque ahora no sólo han dejado de producir las más de 150.000 toneladas de arroz de los años noventa, sino que han pasado a depender de las importaciones que hay que pagar en dólares, dólares que no tienen en una isla que se ha quedado sin campesinos con los campos abandonados. Esto es un ejemplo de libro de lo que hace la globalización, las multinacionales y una política deshumanizada sobre el mundo rural.

La situación de las papas en Canarias es que podemos autoabastecernos ya que tenemos suelo y cultura para cubrir al menos las necesidades de las Islas, necesidades que se han incrementado en los últimos años con la crisis y que pueden generar más de 15.000 puestos de trabajo, incorporando también población al medio rural y sobre todo retirando lo que ahora se llama combustible o maleza de nuestros campos y, como consecuencia, potenciando otras actividades complementarias, como la ganadería y otros cultivos de subsistencia. Por ello, las importaciones que se han producido en los últimos meses del pasado año, que han hecho bajar entre 10 y 15 céntimos el precio pagado al agricultor por kilo de papa, es una mala noticia, no sólo para los agricultores, sino también para los consumidores urbanos, que nos tememos los supuestos precios baratos de las papas: son pan para hoy y hambre para mañana, como ocurrió en las tierras caribeñas en la época de los noventa, en la que Bill Clinton y el liberalismo internacional impuso unas medidas injustas socialmente y que parece que reconoció en unas declaraciones posteriores del señor Clinton cuando visitó Haití, no como presidente de EE.UU., sino como representante de la ONU ante el terremoto de Haití del pasado 2010.

Estos surcos de papel también son de requerimiento a las autoridades canarias sobre las negociaciones del REF y del AIEM, documentos estos a los que hemos de incorporar la posibilidad de establecer aranceles en una época del año que evite las importaciones excedentarias, como parece que está ocurriendo ahora y que ello inestabiliza la economía de nuestros agricultores, sin que signifique mejorar para el presente y el futuro tanto la alimentación de nuestro pueblo como la estabilidad social en el medio rural. Por ello, querido lector, tenemos la obligación de mirar para el campo con otros ojos, en los que el Gobierno de Canarias, Bruselas y Madrid han de entender que la agricultura en las Islas, igual que en todo el territorio de la Unión Europea, necesita medidas de protección ante esto que llaman globalización, que maltrata lo pequeño, lo local, lo nuestro, en un nuevo colonialismo en el que el mercado y el dinero están cada día más alejados de los hombres y sus problemas.

En esa cultura que olvida el ser y el estar y también el saber comprometido con un territorio y su gente, creemos que las papas, la tierra y la cultura del campo tienen mucho que decir y hacer en una sociedad más justa y solidaria. Por ello no podemos estar de acuerdo con que continúen incrementándose las importaciones de papas con el alegato de abaratar el coste de la vida, ya que las papas producidas aquí son gran parte de nuestra cultura, paisaje, medio ambiente e incluso de nuestro paladar. También son las ilusiones y los sueños de muchos de nuestros jóvenes, que quieren volver al campo.

Wladimiro Rodríguez Brito es DOCTOR EN GEOGRAFÍA POR LA ULLL