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El Arte y la silla – Por Jorge Bethencourt

   

Nuestra sociedad se provee de bienes y servicios a través de procesos industriales tras los que hay siempre un trasfondo creativo. La silla en la que nos sentamos se produce por miles de unidades, pero fue creada por un diseñador que pensó y construyó un modelo capaz de ser cómodo y funcional. Lo mismo ocurre con el mobiliario de nuestras casas, con nuestro coche o, por poner, con el ataúd que elegimos para despedirnos de la cosa. El espíritu de creación humana se traduce en elementos materiales de gran belleza o funcionalidad que nos hacen la vida más fácil. Y luego está El Arte. El Arte -con mayúsculas- es una cosa muy seria de la que sólo pueden opinar de forma autorizada los Verdaderos Expertos (también con mayúsculas). El arte no es un cuadro pintado por niños de cinco años y colocado de forma subrepticia en los pasillos de la la exposición de Arte Contemporáneo de Madrid, donde estuvo horas colgado mientras público y expertos apreciaban que el artista (los niños de cinco años) estaba poseído por un espíritu atormentado que se podía apreciar en los colores y la profundidad del lienzo. No. Eso no es arte. El Arte es una obra de teatro, una película o un cuadro que con una adecuada campaña de comunicación y algunas subvenciones consigue recaudar el suficiente dinero como para que artistas, directores, productores, galeristas y Verdaderos Expertos sigan manteniendo dignamente sus modestos estándares de vida bohemia. Si eres el autor de un libro ya es otra cosa. Te jodes por no saber pintar o actuar. Lo bueno del Arte es que mueve gente. Y el lobbie artístico ha conseguido -aplausos para ellos- que el ministro Montoro se baje del burro del IVA y parezca decidido a rebajarle los impuestos a los creadores. Montoro desciende del Sinaí con las tablas de unos nuevos principios fiscales donde hacer cine tenga menos impuestos que hacer una silla. Crear estará protegido por Hacienda, siempre que la creación sea Arte con mayúsculas. Al fin la montaraz derecha española, que se volvió fiscalmente socialdemócrata comiéndose sin sal su programa electoral, vuelve al redil de sus complejos de siempre. Con la mano que ilegalizó el aborto me lavo la que desgrava a los artistas. Pasen, señores, al fabuloso mundo del circo.