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Bajadas de impuestos – Por Juan Manuel Bethencourt

   

El presidente Rajoy, que se ha confirmado, quién lo iba a decir, como un maestro de la realidad paralela, anuncia ahora la llegada de un cierto maná en forma de bajadas de impuestos “a partir del año que viene”, o sea, de 2015, santo ejercicio electoral por partida doble. No tiene nada de original; es indudable que todos aquellos que de un modo u otro estamos en el servicio público tenemos a mano el calendario que conduce a las urnas a la hora de planificar nuestra propia hoja de servicios. Así que posponer los anuncios populares para la cercanía de las elecciones puede resultar criticable, pero no hace a Rajoy peor que cualquier otro en su misma circunstancia. El problema reside en lo indeterminado del anuncio, cuestión que tiene que ver con el manierismo de estos tiempos. Los gobernantes de hoy, y más en ese batiburrillo llamado Unión Europea, parecen preocupados por el manejo de las expectativas, no por el análisis de la realidad. Para el PP es ciertamente un gran argumento político ese de haber tomado a España poco menos que al borde del abismo y haber evitado que se precipitara del todo, con la ayuda inestimable del Banco Central Europeo. El relato no tiene mucho que ver con la situación de millones de conciudadanos afectados por los recortes que destruyen empleo, por la merma en las políticas sociales, por esas becas que se volatilizaron y, también, por las subidas de impuestos dictadas por el mismo Rajoy. El presidente es libre para anunciar rebajas de impuestos con sorprendente anticipación, un año antes. Pero lo cierto es que bajo su mandato la carga tributaria no ha hecho otra cosa que subir, y tales decisiones no fueron comunicadas con tanta antelación, nos enteramos de ellas sobre la marcha, en el Consejo de Ministros de cada viernes. Puestos a vaticinar que por una vez el Gobierno del PP cumple con su promesa, vale la pena pedir que nos adelanten también de qué rebajas de impuestos estamos hablando. Rajoy reconoció hace unos meses, por fin, que España más que de gasto público tiene un problema serio de recaudación, lo cual no tiene tanto que ver con impuestos bajos, que no lo están, sino en que somos demasiado pocos los que pagamos, pues hay multitud de rendijas a disposición, sobre todo, de los rentistas y los capitales ociosos. El IRPF, el impuesto al trabajador, está en la banda alta de los países de la UE. Ya se sabe que allí donde se encuentra una deducción está la cara oculta de un grupo de interés privilegiado. Con eso podría ir empezando Rajoy, sin esperar al año que viene.

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@JMBethencourt