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Bonanza coyuntural – Por Salvador García Llanos

   

Un experimentado profesional del ramo, buen conocedor de la evolución y las tendencias de los mercados, coincide con nuestras apreciaciones: hay que rehuir de toda tentación triunfalista con los datos de ocupación turística en el Puerto de la Cruz dados a conocer recientemente por el Cabildo Insular. No es querer agriar los registros positivos, de verdad; sino analizar con el máximo realismo las causas de esa evolución con el fin de desmenuzar las acciones que se llevan a cabo para lograr su sostenibilidad. El overbooking del sur y las preferencias de los clientes a la vista de la inestabilidad en Egipto y otros países de oriente medio son las razones de la coyuntural bonanza. Si las pernoctaciones aumentaron en 2013 un 3,2%, es que han venido más turistas. Y en efecto, éstos subieron un 6%. Ello significa un incremento de ingresos hoteleros de casi el 14%, mientras que los extrahoteleros aumentaron un 10,8%, compensando de esa manera la disminución advertida en los primeros meses del año. Ciertamente, los números son interesantísimos en tanto rompen, además, una dinámica negativa o de estancamiento. Y sería muy bueno que las instituciones y organismos implicados hicieran una interpretación apropiada, un paso más allá de lo que inspira una comparecencia pública para ganar un titular favorable. En realidad, se trata de contrastar si las iniciativas puestas en marcha para la promoción del destino y la captación de clientes empiezan a repercutir en los mercados y a estimular la oferta del Puerto de la Cruz. Quizá aún sea tiempo insuficiente pero es imprescindible el seguimiento para verificar el peso sustantivo de los avances y su necesaria continuidad. Por ejemplo, hasta dónde están repercutiendo las actividades en el espacio público, cuál es el grado de satisfacción con el que se marchan los visitantes y espectadores. Es primordial disponer de esa información para saber si se pueden promover otras o se podría disponer de un calendario anual coordinado que constituyera, en sí mismo, un soporte promocional. En cualquier caso, cabe congratularse: de que vengan más turistas, de que aumenten las pernoctaciones, de que haya calles pobladas, nutridas y ambientadas, de que el gasto promedio de estancia también haya subido algo, de que el comercio parezca menos aletargado… Pero, sin lanzar campanas al vuelo, conscientes de que aún queda mucho por hacer y mejorar -especialmente desde el punto de vista de actuaciones e inversiones públicas- y de que es necesario perseverar en los programas ideados para comprobar que estos porcentajes de 2013 responden ciertamente a los contenidos de aquéllos. Lo más importante, acaso, es que el sector privado siga motivado y convencido de que, o se moja y participa, o el futuro seguirá siendo incierto. En fin: mejorar la oferta, fidelizar a los visitantes, abrirse a nuevos mercados, recuperar el mercado peninsular, rompiendo monopolios encubiertos y ofreciendo tarifas aéreas asequibles. De eso se trata.