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El color del caballo blanco de Santiago – Por Carlos Alonso Rodríguez

   

Cuando fuimos niños, algún mayor nos tomo el pelo con aquella adivinanza tan obvia: ¿De que color es el caballo blanco de Santiago?. Uno se exprimía el cerebro intentando averiguar el color del caballo del tal Santiago sin advertir que la respuesta, la burla, estaba en la propia pregunta. Ya de mayor la vida te enseña que muchas de las respuestas están a veces incluidas en las preguntas que nos hacemos sobre las cosas. Y que, incluso, hay quienes pretenden convencernos de que el caballo blanco de Santiago era, en realidad, negro.

Durante un par de años, el Partido Popular de Canarias ha intentado convencernos de lo imposible. Ha tratado de defender lo indefendible y sostener posturas claramente contrarias a los intereses de las islas. Así que, en justicia, hay que saludar que las cosas empiecen a cambiar y que el sentido común haya llegado a los conservadores canarios. El secretario general del PP, Asier Antona, ha dicho esta semana que seguir manteniendo la petición del certificado de residencia para todos los canarios es vergonzoso.

Y esa afirmación -que muchos llevamos mucho tiempo diciendo- constituye, por sensata, todo un cambio de rumbo. Es verdad que hemos denunciado desde hace muchos meses que no se puede castigar a dos millones de canarios por las irregularidades cometidas por unos pocos. Y que el Ministerio de Fomento ha tenido tiempo más que sobrado para arreglar los problemas y articular fórmulas para verificar la residencia de los canarios. Contar desde ahora con el apoyo de Asier Antona y del PP seguramente va a suponer que Fomento y Madrid se tomen un poco más en serio adoptar soluciones para dejar de castigar, despreciar y alejar a los viajeros de Canarias.

En la misma semana, un equipo de expertos economistas y altos funcionarios del Ministerio del Hacienda han llegado a la conclusión de que Canarias está, efectivamente, mal financiada. Tan mal que es una de las comunidades más castigadas, con más de 300 euros por debajo de la media peninsular (más de 450 según las cifras que maneja el Gobierno de Canarias).

Puestas en contexto, estas dos actitudes, aunque parezca sólo que el PP se reconcilia con la realidad, suponen que el partido que Gobierna en España admite ya que el caballo blanco de Santiago es efectivamente blanco. Que unas islas donde hay 380.000 personas buscando trabajo sin encontrarlo constituyen un problema social. Que aplicar recortes en la financiación de servicios esenciales como educación, sanidad o servicios sociales para un archipiélago donde más de 120.000 personas no cuentan ya con ningún ingreso, es una irresponsabilidad galopante. Y que constituye un error irreparable seguir alejando geográficamente a Canarias, empujándola a los límites de una ultraperiferia que empieza a convertirse al mismo tiempo en crimen y castigo, sometidos a la pérdida de conectividad, al encarecimiento del transporte y al abandono de todas las políticas estructurales de compensación de la lejanía continental.

Cuando el presidente de un partido nacionalista se dirige al jefe del Estado y al del Gobierno para advertir de las consecuencias nefastas de las políticas de abandono del Archipiélago, cuando en pura teoría tendría que aprovecharse del creciente malestar de sus ciudadanos para radicalizar sus posiciones políticas, quiere decir que se está ejerciendo una responsabilidad por encima de los intereses políticos inmediatos. O lo que es lo mismo: háganle caso.

Lo más importante, con todo, no son las posiciones políticas y sus cambios. Lo más importante son los canarios. Aún estamos a tiempo de conseguir que se imponga la razón de la necesidad, la razón de la lejanía, la razón de quienes están viendo como la prosperidad se aleja cada vez más de sus familias. La razón de los desfavorecidos y maltratados. Si Madrid ya admite el color del caballo, sólo es cuestión de tiempo que acepte otras clamorosas injusticias que se han venido cometiendo, por acción u omisión, con Canarias y se nos empiece a tratar con ese nuevo sentido común que implica ayudar más a los más desfavorecidos y a los que peor situación tienen.
Frente a los escépticos que advierten que el dinero y la atención irán para Cataluña y País Vasco, para tapar el agujero de la secesión, soy de los que creen que la responsabilidad del Estado va a estar por encima de las conveniencias políticas del momento.
¿Y si no es así? Bueno. Pues ya habrá tiempo para bajarse del caballo.

Carlos Alonso Rodríguez es PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE