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Crisis, reforma laboral o abono del ‘mobbing’ – Por Agustín Casanova

   

Según el profesor Iñaki Piñuel, en el último Barómetro Cisneros Liderazgo Tóxico y Mobbing en la crisis económica (CISNEROS XI), realizado en 2009, revelaba que más de 2,5 millones de trabajadores se consideraban víctimas de mobbing. Pero el dato que más interesa, en relación con la crisis, es el del incremento del 43% respecto a 2007, y que el 73% de los nuevos casos se habían iniciado en 2009. En 2010, el Código Penal incluyó, en su Título VII.-De las torturas y otros delitos contra la integridad moral -por fin-, el mobbing como delito castigado con pena de prisión de seis meses a dos años. Esta nueva regulación fue acogida por las víctimas de mobbing con esperanza y cierto escepticismo, y es de suponer que con temor por los acosadores, aunque ciertamente menos del 1% de los casos son judicializados y menos de la mitad de ellos obtienen sentencias favorables.

Años después, nos encontramos que, con diferentes eufemismos, tales como flexibilidad del mercado laboral, competitividad o eficiencia, el Gobierno aprueba la reforma laboral (Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral) que dinamita el marco de las relaciones laborales y pone en manos de los empresarios la facultad de decidir, casi a voluntad y sin justificación, la modificación de funciones, horarios, turnos, salarios y despidos individuales o colectivos. No quiero, en este artículo, entrar a valorar la reforma en términos estrictamente laborales, aún siendo consciente de que la situación de crisis supone para la mayoría de los trabajadores una inseguridad añadida, tanto laboral como de proyecto vital, por temor a perder el trabajo o de aquellos que ya lo han perdido. Quiero resaltar cómo afectará, o está afectando ya, a miles de trabajadores que ya son, y sin duda muchos más que serán, víctimas de acoso laboral, que en palabras de las propias víctimas, definen la situación de acoso laboral como una auténtica tortura en el trabajo. Y usando esa definición, tortura, no puedo sino interpretar que la reforma laboral no ha hecho sino poner en manos de algunos psicópatas (acosadores) los “instrumentos” de tortura idóneos para que campen a sus anchas, aprovechándose de la situación de necesidad de los trabajadores (víctimas), que se ven obligados a “tragar más”. Y los acosadores lo saben. No creo que conozcamos el alcance real de dicha reforma sin evaluar el sufrimiento gratuito que han producido, consciente y deliberadamente, los acosadores con sus nuevos “instrumentos”: el número de víctimas de acoso laboral. Me quedo a la espera del próximo Barómetro Cisneros, pero me temo que será desolador y mostrará otro aspecto del fracaso de la reforma laboral.

Agustín Casanova es ABOGADO
casanova@hotmail.com