X
NOMBRE Y APELLIDO >

Cristóbal Soria – Por Luis Ortega

   

Desde la prehistoria televisiva, las tertulias son formas baratas de quemar tiempo y pasiones. El horizonte temático es amplio y naturalmente suma también casquería y deporte; el fútbol entró en ese zoco y, en pos de la audiencia, recurrió a tipos sin más mérito que su morro. Ahí está, según me cuenta mi quiosquero, Cristóbal Soria, árbitro que no pasó de regional y portero de discotecas, con poco cuerpo para abusos y peleas. Según parece, “la dentadura que enseña cuando pierde el Madrid, es de cerámica, para sustituir a la que perdió con una merecida trompada”. Logró cierta fama -los macarras tienen adeptos en su habitat- como delegado del Sevilla pero, fueron tales su trapacerías y vanidades que “el mismo José María del Nido, al que no se le conocen muchos escrúpulos, lo echó del club como agua sucia”. Como Pipi Estrada, pero con menos clase y estatura, coquetea con damas conocidas por contar intimidades en la caja tonta y gritarlas, con la solemnidad de los tontos, “para que España las sepa”. Estos pícaros de ambos sexos, gandules y marrulleros sin formación, tienen derecho a ganarse la vida como puedan, pero, por el bien de un idioma hermoso – el español -que lo aprendan- ¡por favor! – en un centro de educación de mayores o en clases particulares. Pero que no atenten contra una gloria común, que, tras el inglés, es la segunda lengua en extensión mundial, y la tercera, después del chino mandarín y el citado inglés en cuanto a personas que la hablan como primera (más de trescientos treinta y tres millones) y, como segunda, casi quinientas. Mi amigo, al que no le importan “los palos a Florentino y míster Portugal” (como llama el pequeño Soria a Cristiano Ronaldo), no le perdona sus agresiones a la gramática, cometidas con la suficiencia y osadía de los ignorantes y le ha escrito a Enrique Marqués para que cada vez que “el personajillo patee el diccionario, le deduzca un porcentaje de su mal ganado salario”. Está seguro que, con este método, el Tiki-Taka obtendría ingresos fijos por las penalizaciones que, cada vez que abre la boca, comete el inculto lenguaraz. Tal como me lo dice lo cuento y, es más, yo lo extendería a otras personas con abominaciones diarias y semanales, donde sujetos de igual pelaje y luces están empeñados, después de dejar a profesionales sin tarea, en destrozarnos el idioma de Cervantes y García Márquez, y a eso habría que contestar con la fuerza y la palabra de cinco letras -como María- que Fernando Fernán Gómez le dedicó a un pesado que lo acosaba: ¡mierda!