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Desconfianza – Por Fermín Bocos

   

En España la Justicia va con motor diésel mientras que la sociedad, espoleada por los medios -sobre todo la televisión-, funciona con gasolina. Los tiempos son distintos. Los casos de corrupción, cuando hay imputados relacionados con la política, se alargan: más de cinco años llevan instruyendo el caso Gürtel. Para tres va el de los ERE de Andalucía. Un lustro llevaba de retraso el caso Palau cuya vista se inició el lunes en Barcelona. El personal confiesa su escepticismo en las encuestas cuando le preguntan si cree que la Justicia es independiente. No todos entienden que en un sistema tan garantista como el nuestro no valen ni los atajos ni los pactos de conformidad que se ven en las películas americanas. Vaya por delante que está bien que se respeten las garantías, pero la gente sabe que también las respetan en el Reino Unido y allí los jueces son expeditivos y funcionan los juicios rápidos. Es la clave, porque cuando la justicia se alarga y retrasa, deja de ser justicia. ¿Qué hacer? ¿Cómo enderezar la cosa? Cada ministro del ramo trae un plan para reformar la Justicia, agilizar los procedimientos y dotar de medios a los juzgados. También era la esperanza que aparejaba la llegada de Alberto Ruiz Gallardón. Pero encalló en su hoja de ruta y decidió abrir frentes que nadie urgía. El caso es que estando como están las cosas, tras hablar y escuchar a unos y a otros se llega a la misma conclusión: se necesitan más jueces, más medios y más fiscales volcados en la investigación. Hay quien ha puesto cifra: 4.000 jueces más. Urge, también, disipar la idea de que los jueces están politizados. Acabar, por la vía de los hechos, con la muy arraigada convicción de que si se trata de un caso en el que está implicado algún político o algún magnate se puede predecir el signo de la sentencia en función del juez al que le toque o de la sala que juzga el caso. Tampoco el Consejo General del Poder Judicial sale bien parado en los sondeos. Aunque es un órgano político -su encomienda es el gobierno de los jueces-, al decir del grueso de la opinión pública (y de la publicada), no cumple con la neutralidad exigible a tan alta magistratura. El sistema elegido para elegir a sus miembros -cooptación por indicación de los dirigentes de los partidos políticos (en el caso del PP, Rajoy; Rubalcaba en relación con el PSOE y a escala, así sucesivamente) es el pecado de origen. Son muchas cuerdas las que fallan y por eso desafina tanto el violín. Por eso la gente no cree o desconfía de la Justicia.