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La última>

Descubrimiento – Por Jorge Bethencourt

   

Los expertos de él, al que yo llamo usted y Mariano Rajoy llama tú y él se llama yo… joder qué lío. Los expertos de Montoro, vamos, han llegado a la conclusión de que Canarias está mal financiada. El chorro de sesos que debe haber corrido por esos pasillos de Hacienda, como una estampida de alocadas neuronas doblando en tropel las esquinas de los presupuestos, ha debido atronar Madrid. Para llegar al final de ese viaje no hacían falta demasiadas alforjas. Ya era conocido que a las islas le habían dado mucho por sotavento a la hora de firmar los acuerdos para la financiación de las comunidades autónomas. Y que le seguían dando a la hora de redactar los presupuestos de los recortes y la salvación del déficit. Al final, la crónica de los días nos va enredando y olvidamos lo obvio: Madrid es perfectamente consciente de que Canarias es la comunidad peor financiada del Estado. Y lo sabe porque desde el inicio de las hostilidades entre el Gobierno central y el de las islas se decidió que la mejor receta para este territorio hostil, feudo de socialistas y nacionalistas, sería un par de vueltas de tuerca -aquel “cuanto peor mejor”- para que los gestores de la escasez en el Archipiélago se tuvieran que enfrentar a sus administrados, calientes como monos. El discurso del Gobierno canario, que ha rozado el tono de las plañideras, no ha cesado de hurgar en la injusticia. De todas las comunidades del Estado, por su lejanía, su insularidad y su situación social, Canarias constituye el peor escenario para ejercer una política de recortes en materia de inversiones públicas. El efecto es que al reducir financiación, Madrid ha obligado al Gobierno de Canarias a ingresar más dinero vía impuestos. Nos han quitado inversiones, dinero para el mantenimiento de servicios públicos y fondos disponibles. O sea, un pan como unas tortas. Al cabo de la calle, el dibujo de esta tierra presenta la tragedia social y económica de 380.000 parados y una población ocupada que no puede sostener los servicios de un estado de bienestar. El sector público, como creador de riqueza y agente económico (no como excavadora fiscal) tiene que jugar un papel decisivo en las islas. Un papel que, de momento, no se ve por ninguna parte. Que en Hacienda de Madrid ya admitan que las islas son las peor tratadas del Estado en materia de financiación ya es algo. Ahora sólo queda todo lo demás.