X
soliloquios>

Dinerócratas, no gracias – Por Ramiro Cuende Tascón

   

Veo con satisfacción que la gente se empieza a rascar, entiéndame, a fruncir el ceño ante tanta y tanta patraña. El hambre no se rebaja con eufemismos y definiciones perversas, con esas formas que tienen Mariano y su Gobierno de manifestar sus acuerdos de los viernes ministeriales. Falsos tergiverses, con palabras suaves y decorosas tras las que esconden sus impías mentiras, como si así se suavizara la dureza de sus traidoras medidas. Disfrutan poniendo vaselina a lo que no entra ni con calzador ¿Se creen que España sigue siendo idiota? ¿Cómo se puede llamar así a su odiosa ley del aborto?, ley para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada, que regula la interrupción voluntaria del embarazo. El ministro de moral e injusticia que nos ha regalado Mariano se libra de sus trastadas en el confesionario de toda la vida con golpes de pecho y abstención onanista para que no se le vean los granos del cerebro. Hay que ser malaje, como para tras haber tirado a la basura una ley tan necesaria para este envejecido país, la ley de dependencia, venir ahora a defender los derechos de la mujer preñada, del recién concebido, y, no sé si también, del espermatozoide corito. Esto sí es inmoral, no abortar, que por otra parte no es nada divertido, aunque que se lo parezca a una cretina de Calasparra a la que ponen en la tele a mayor gloria de un tal Marianico el Corto o del angelito de por aquí. Claro que los de su calaña pagan a tatas y tatos para que les escondan y cuiden sus deficiencias, sus abortos y sus miserias. Vivimos en estado de sitio, acosados por los dinerócratas y convencidos de que la letra con sangre entra de Mariano, y, aun más lindo, que quien bien te quiere te hará llorar. Esta curia política vive para desmontar el estado de bienestar, mientras la ciudadanía a la que gobiernan vive para sobrevivir malamente. La crisis ha evidenciado que el turbocapitalismo ha fracasado. Se ha probado que economía, política y ética son tres esferas que no pueden actuar por separado, sino que deben establecer un diálogo continuo para la búsqueda del bien común. Creo en una economía que dé juego con la mismas cartas a todos, que valore la idea de comunidad, que adapte el proceso productivo a la persona y no al dinero, y que busque el bien de la sociedad y una humanidad menos desigual.
Al hilo del relato ¿Debe mentir un presidente? Para mí que no, la historia reciente lo ha demostrado, poniendo a cada cual en su sitio.