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En busca de la buena voluntad

   
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NATALIA TORRES | Santa Cruz de Tenerife
Fotos: FRAN PALLERO

Todos los días, el Hogar Nuestra Señora de Candelaria de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, o lo que es lo mismo, el asilo de Santa Cruz, recibe entre cuatro y cinco personas que piden ayuda para que admitan a algún familiar, un amparo que la madre superiora, sor Araceli, lamenta tener que denegar: “Hay muchas necesidades en Santa Cruz, y más en la situación actual, pero desde que cerramos el pabellón hemos tenido que parar los ingresos”. Sor Araceli hace referencia así al edificio anexo a la casa central del asilo y que el mes de noviembre se vio obligada a clausurar y sacar a las 30 ancianas que se alojaban en él. “A las dos de la mañana reventaron las tuberías y se inundó todo. Tuvimos que llamar a los bomberos para que nos ayudaran”, recuerda.

Se trata de un edificio casi tan antiguo como el propio asilo que el año pasado cumplió sus primero 100 años, el mismo tiempo que llevan las Hermanitas de los Ancianos Desamparados ocupándose de los abuelos de la capital. “Espero que con la ayuda del Señor y la buena voluntad de la gente podamos ayudar a más personas” explica sor Araceli, que, tras lo ocurrido y ante la imposibilidad económica de afrontar la reforma integral que necesita el pabellón, animada por los familiares de los propios ancianos, se decidió a abrir una cuenta corriente para, como ella misma explica, “aquellos que puedan y quieran, den una limosna que nos ayude a afrontar la rehabilitación”.

Un aporte económico que las hermanas no pueden afrontar ya que con los ingresos que obtienen de los residentes tienen lo justo para cubrir las necesidades de los ancianos, además de pagar a los profesionales que los atienden, más de 30 trabajadores. También deben hacer frente a la devolución del préstamo que “la casa madre” de Valencia les hizo para rehabilitar el edificio central.

“Nosotros no tenemos una cuantía establecida por plaza”, explica la madre superiora para continuar detallando que, “lo que cobramos procede de la pensión de los ancianos, asi, si pueden valerse por sí mismos, ingresamos el 80% y se les deja a ellos el 20% restante, y si son asistidos pues la totalidad de la pensión”.

“Aquí tenemos ancianos que cobran 300 euros y otros que cobran 600. No hay cuantía mínima” señala la hermana. Añade que: “Con lo que ingresamos de los que más tienen vamos atendiendo también a los otros, porque sino sería imposible”. Asegura sor Araceli que incluso hay residentes que viendo la situación “ayudan un poquito” dando algo más de su pensión.

Realojo
“Yo llegué en mayo del año pasado y aún había personas durmiendo dentro del pabellón y no podíamos sacarlos porque la casa está llena”, recuerda sor Araceli que reconoce que “hay muchas necesidades en Santa Cruz y es muy triste no poder acoger.” “Las residencias privadas están muy caras, y a las personas con menos recursos no pueden pagar tanto”, añade.

En la actualidad son 104 los residentes que hay en el Asilo, “normalmente tendríamos unos 135 pero con el pabellón cerrado no podemos acoger a más”, explica la madre superiora que cuenta como han tenido que habilitar como dormitorios salas que eran usadas como recibidores, “teníamos que sacar a las ancianas de allí y hemos aprovechado todo el espacio que hemos podido”. En la pasada Navidad la madre superiora envío numerosas cartas haciendo pública la situación de necesidad que están pasando y pidiendo “limosna” para el asilo. Consiguió 5.000 euros y espera que la gente que ha donado no crea que no han hecho nada: “El dinero está ahí” dice, y añade que, “con esa cantidad no podemos hacer todo lo que necesitamos”. “A mi los superiores me preguntan con qué contamos para afrontar las reformas y la respuesta es que con nada”, explica.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia están estudiando la forma de ayudar a su congregación en Tenerife pero aún no tienen el coste total de la reforma: “Lo que queremos es ir consiguiendo fondos para que después, cuando la congregación nos tenga que ayudar, pues con los que nosotros tengamos podamos hacer que el dinero no sea tanto”.

Cuando se le pregunta a sor Araceli si ha acudido a las administraciones de la Isla a solicitar ayuda reconoce que sí, pero también que hasta ahora la única respuesta que le han dado es que es mucho dinero el que se necesita y que tampoco lo pueden afrontar. “En Navidad vino el señor alcalde, y anteriormente hablé con el Cabildo, pero ellos necesitan planos, cosas que son muy caras. Además quieren que concertemos plazas y nosotros no podemos porque no es el sentido que nuestra congregación quiere darle a nuestra labor. Si lo hacemos no podríamos mantener el espíritu que hemos tenido siempre de atender a los ancianos más necesitados”. “Queremos seguir atendiéndolos de esa forma, seguir libres, como lo hemos sido en estos 100 años que llevamos en Santa Cruz”, añade la hermana.

Desde el Ayuntamiento, la concejal de Asuntos Sociales, Alicia Álvarez, reconoce que sabe de la situación y que le gustaría reunirse con las hermanas para intentar ayudarlas de alguna forma: “No puedo comprometerme con dinero porque no lo tenemos pero sí a buscar fórmulas alternativas que las ayuden como por ejemplo con patrocinio de algún particular”. Añade que sabe que desde el Cabildo se está también buscando una solución. De momento, la forma más rápida de ayuda es a través de la siguiente cuenta corriente: 0075014444 0602376295.

Con “un poquito” de todos
“Con un poquito de la gente, un poquito del alcalde, alguna subvención, lo que pueda darnos la casa nuestra, con todo espero que podamos volver a acoger a ancianos”. Sor Araceli confía así en la buena voluntad de aquellos que puedan ayudarla a ella y sus hermanas en el mantenimiento del centenario Hogar Nuestra Señora de Candelaria. Una buena voluntad que a veces pasa por cosas tan sencillas como que el Ayuntamiento “preste” el camión de recogida de enseres para que puedan desalojar todo lo que queda en el pabellón cerrado: “Llamé al servicio y me dijeron que las instituciones no podían beneficiarse. Voy a ir a ver al alcalde a ver si nos puede ayudar porque solo tenemos una furgoneta y con eso solo no podemos sacar todo lo que hay dentro”, explica la madre superiora. Se hace necesario recordar que a lo largo de estos cien años, han pasado por el asilo de Santa Cruz más de 3.560 ancianos y 137 hermanitas, de las cuales unas 50 han sido canarias. Una labor realizada con humildad y discreción que ahora necesita de un impulso caritativo.