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El encuentro – Por Ignacio González Santiago

   

El lunes Soria y Rivero comieron juntos en Madrid. El motivo aparente para tal insólita reunión, después de cuatro años de peleas estériles, fue el anunciado recurso del Estado a la ley turística canaria, o mejor dicho, a la moratoria para construir hoteles de cuatro estrellas. No ha transcendido lo que comieron los ilustres comensales en el Ministerio de Industria en Madrid, pero lo que sí sabemos es que la comida no sirvió para nada. Y es que cuando se anteponen los problemas personales a los de la gente, pasan estas cosas. Soria asistió a la reunión porque somos muchos los que sabemos que se lleva mal con Rivero y por eso se ha dedicado desde que llegó al Ministerio a darle patadas en nuestro trasero, eliminando las bonificaciones a las tasas aeroportuarias, las primas a las renovables, el PIEC, y el resto de los convenios firmados con Canarias que ha convertido unilateralmente en papel mojado. La máxima, que ya es un clásico pepero, es cuanto peor mejor. Con una aportación soriana, cuanto peor vaya Canarias peor irá Rivero, lo que no deja de ser cierto pero con una salvedad, que peor irá él. Nunca perdonaremos a Soria el habernos castigado tan cruelmente en el peor momento de las islas cuando nuestra gente, que hasta hace poco era también la suya, necesitaba más ayuda. Soria me recuerda aquel niño acomplejado que cuando llegaba a estudiar a Madrid, empezaba a hablar godo, porque se avergonzaba de su procedencia. Conocí varios de estos raros especímenes, cuando yo mismo estudiaba en Madrid. Rivero fue a la comida no porque pensara que iba a convencer al justiciero excanario Soria para que retirara su recurso de inconstitucionalidad contra la ley turística, sino a hacer el paripé y quitarle argumentos al sector crítico de su partido, CC, que lo acusa de propiciar un clima de enfrentamiento permanente con Madrid que no es bueno para Canarias. Los dos posaron juntos para aparentar una inexistente normalidad que nadie se cree. Un balance muy pobre y cicatero para los dos canarios con mayores responsabilidades políticas aquí y en Madrid. Nuestra gente esperaba mucho más. Más altura política y menos personalismo. Esperábamos acuerdos para sacar a las Islas de la crisis que es más profunda que en el resto de las comunidades autónomas. Como centrista y liberal, no estoy de acuerdo con ninguna moratoria, cuando además la crisis económica ha frenado la economía y lo que tenemos que hacer es todo lo contrario, impulsarla con medidas económicas expansivas. Menos estoy de acuerdo con una moratoria en el único sector que está empezando a salir de la crisis, el turismo. Y lo de la prohibición de construir hoteles de cuatro estrellas, sencillamente nunca lo he entendido. Pero hay algo peor que esta moratoria caprichosa, que finalmente será revisada, por la justa presión de Gran Canaria, la interposición de un recurso de inconstitucionalidad por parte del Gobierno central, que suspendería la ley y espantaría a los inversores de Canarias, dejándonos en la ruina, al paralizar completamente el sector turístico en las islas. Un recurso impulsado, encima, por un supuesto ministro canario, Soria. Fíjense que digo supuesto ministro canario, porque no lo parece, y que ministro lo escribo en letra minúscula, porque el cargo le queda muy grande.