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España, en la buena dirección, pero poco dirigida – Por Fernando Jáuregui

   

Puede que, como dice el eslogan de la convención que celebra en Valladolid el partido que nos gobierna, España esté en la buena dirección. Lo que no acabo de ver demasiado claro es si está o no bien dirigida, o acaso insuficientemente liderada. Claro que espero con mucha expectación, una pizca de esperanza y un mucho de escepticismo lo que Mariano Rajoy diga a los suyos -y a todos nosotros- este domingo en Valladolid. Rajoy, ya está claro, no es un líder, aunque posea cualidades de calma, independencia y sentido común. Pero le faltan esa rapidez de reflejos, ese afán regeneracionista, que ahora parecen imprescindibles. Lástima, porque no se vislumbra a demasiadas personas mucho mejores en las filas de ese Partido Popular que lleva toda la semana esforzándose por tapar los agujeros que, sin ser, a mi juicio, demasiado grandes, le causan las desafecciones, los desplantes y los desvaríos de algunos de los de dentro. Nada, en suma, demasiado significativo, excepto para quien se empeñe en magnificarlo.

Ocurre que Rajoy, a falta de ser un estadista, es un tipo con bastante suerte. La convención del PP le coincide con buenas noticias económicas, y ahí están, el mismo día en que se inaugura la cumbre de los populares, los principales banqueros del país dando bastante buenos datos -sobre todo, de sus negocios fuera- y pronunciando frases alentadoras, aunque cautas, acerca del futuro. Es verdad que se exporta, que las inversiones llegan del exterior, porque España se ha convertido en un país no sé si realmente barato, pero asequible. Hay muchas cosas que no funcionan bien, comenzando por la angustia de millones de parados y de más millones de ochocientoseuristas, antes mileuristas; pero, todo considerado y excluyendo las perspectivas que se diseñan en Cataluña, la nación parece marchar. Gracias al sacrificio de los ciudadanos, que trabajan, sufren… y protestan poco ante una forma antipática, lejana, fría, de gobernarles, y no me estoy refiriendo solamente, por supuesto, al Gobierno central.

Sí, puede que el país vaya en la buena dirección, pero yo debo criticar algunas cosas de la dirección que tenemos los ciudadanos de este país. Como todos, necesito el acierto de mi Gobierno, de mis diferentes gobiernos, de quienes comandan las instituciones, la banca, las grandes empresas, los sindicatos, la patronal. Y veo, sin embargo, más afanes electoralistas -ya estamos de nuevo en la danza mitinera-, mayor interés por permanecer en las poltronas, que ganas de servicio público. Esta es la verdad como yo la percibo; a ver si este domingo algo o alguien -y claro que estoy pensando, sobre todo, en el Rajoy todopoderoso, acaso demasiado omnipotente- me hace verlo de otro modo.