X
LA ÚLTIMA >

Fantasmas – Por Jorge Bethencourt

   

Si la lluvia suena triste en los techos de las casas de cartón, en las casas vacías se escucha como un trueno. El sonido viene de la mano del sistema de amplificadores mediáticos auxiliado hoy por el inestimable y caótico empuje de las redes sociales. El Ayuntamiento de Santa Cruz, como otras instituciones del Estado, se ha sumado a la fiesta del ruido con su propia sierra eléctrica. Como la Constitución Española de 1978 establece el principio de la función social de la propiedad (es decir, que algo es tuyo sólo si el Estado no lo necesita) quieren meter bajo ese paraguas las casas vacías que tienen los bancos. Lo que se pide no es expropiar las casas -ya que no hay un euro- sino multar a los bancos que tengan inmuebles sin ocupar. A los vampiros, quiero decir a la banca, que le den mucho por donde cargan los camiones. No tengo simpatía alguna por quienes se comportan como buitres financieros en los momentos de dificultad. Pero quitarle una propiedad a quien no la pone en mercado, por las razones que sea, está a dos pasos de las nacionalizaciones revolucionarias.

¿Se va a automultar el Ayuntamiento de Santa Cruz por tener cerrado y sin uso social el Viera y Clavijo desde que Franco era corneta? Supongo que no. Porque las administraciones públicas nunca se toman las medicinas que aplican a las empresas privadas y los ciudadanos. Canarias, desde el gobierno a los ayuntamientos, está plagada de organismos, departamentos y empresas dedicadas a la gestión del suelo público y a la construcción de viviendas sociales. Tendrían que empezar por multarse ellos, por el fracaso en esa política de viviendas llamadas sociales.

Pero no. Como la gente odia a los bancos lo mejor es darles el paseillo mediático por los titulares. Pa’nada como ya comprobarán en el futuro. Antes de multar a los bancos o quitarles sus viviendas lo harán con nosotros, los ciudadanos, que somos víctimas mucho más fáciles de digerir.

Si no han sido capaces de evitar que nos estrangulen con el tramposo suelo de las hipotecas o de hacer viviendas baratas y eficientes en los tiempos en que el ladrillo costaba un par, ahora que se huelen las urnas van a gallear de meterse con la banca. Fantasmas.

www.jorgebethencourt.es