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Ficciones – Por Jorge Bethencourt

   

Una encuesta realizada en Gran Bretaña ha detectado que la gente está un poco confusa en el tema de los personajes de la Biblia y los superhéroes del cine. O lo que es lo mismo, que los encuestados se hacen la picha un lío con Moisés, el arca de Noé, el Asgard de Loki de y las armaduras de Ironman. Esto de confundir a unos personajes de ficción con otros no es tan grave. Se entiende. Cuando leí -hace muuuuchos años- el Antiguo y el Nuevo Testamento y los Evangelios Apócrifos, una de las cosas que me llamó la atención es que le echaran ochocientos años de edad a los personajes (Abraham, Moisés, Noé, José…) como si tal cosa. No les digo nada de ponerse delante del mar y abrirlo en dos mitades como una sandía, conseguir una fuente de agua de un tonique en mitad del desierto o hacer que llueva comida del cielo.

En términos generales, los superhéroes religiosos tienen más juego incluso que los modernos de Marvel, incluida La Masa, Thor o el desgraciado de Spiderman que es verdad que al final gana todas las batallas, pero que se lleva unas felpas impresionantes. La Biblia, además, es un relato apasionante que mezcla a los héroes locales con los extraterrestres que se llevan a Elías en un carro de fuego o descienden en forma de ángeles para hospedarse en casa de Lot, en Sodoma. En algunos sitios puedes leer que se acostaron con sus hijas (de Lot) y en otros que los sodomitas fueron hasta la casa de Lot porque querían tener conocimiento carnal con los visitantes. En todo caso, ya saben que el asunto de Sodoma y Gomorra acabó con una lluvia de fuego y azufre que dejó calcinadas las dos ciudades y sus habitantes (hombres, mujeres, niños, perros, cabras, chinches y demás habitantes vivos) con más eficiencia que un ataque de drones sobre Afganistán. Eso sí que eran daños colaterales y no los de ahora. Quiero decir que quienes se escandalizan porque la gente de hoy -los llamados jóvenes y jóvenas- no sepan distinguir entre un personaje de ficción del cine y otro de la Biblia hacen una montaña de un grano de arena. La incultura de las nuevas generaciones no sólo es epopéyica. Lo de menos es que Moisés les parezca Supermán o viceversa. Lo peor es que piensan que Montoro es un vino de Jerez.