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El fin de ‘El Mundo’ – Por Juan Hernández Bravo de Laguna

   

Una de las noticias políticas españolas más importantes de los últimos tiempos ha sido, sin duda, la destitución (defenestración) de Pedro J. Ramírez de su cargo de director de El Mundo. Quizás no la más importante en lo que va de siglo, como afirma Federico Jiménez Losantos, pero, en cualquier caso, muy relevante en términos políticos y mediáticos. Es una noticia que, una vez más, pone de manifiesto la intensa urdimbre del periodismo español y la política partidista, y la utilización por nuestros gobernantes y nuestra clase política de los medios de comunicación como uno de sus instrumentos de poder. El propio Jiménez Losantos salió de la Cadena COPE por los mismos motivos que Pedro J. Ramírez ha salido del periódico madrileño: por presiones del poder. Aunque en este último caso las presiones han sido absolutamente irresistibles: nada menos que el Gobierno, la oposición y la Casa Real, cuya unánime animadversión ha tenido la virtud de concitar el director ahora cesado.

El periodismo español se encuentra muy alejado de idílicas neutralidades e independencias, y está instalado permanentemente en todo lo contrario. Los grandes medios nacionales tienen lo que se conoce eufemísticamente como líneas editoriales, que son rígidas, monolíticas y marcadas políticamente -algunas a favor del Partido Popular, por cierto-; y sus clientes habituales consumen sus productos precisamente en virtud de tales líneas, que retroalimentan sus propias convicciones. Esas líneas obligan a los profesionales de cada casa y dirigen su trabajo, e incluso presiden la selección y contratación de esos profesionales. Eso sí, con voces discrepantes consentidas desde el guiño y la complicidad de contribuir a ser la excepción que confirma la regla, y desde la seguridad de compartir los principios y los objetivos comunes.

En su última carta como director, publicada en el periódico el domingo pasado, el interesado lo explica con claridad y se despide culpando al Gobierno y a La Zarzuela de su cese, al tiempo que expresa su agradecimiento y comprensión hacia los dirigentes del grupo de comunicación que han tomado la decisión de cesarle en la dirección del segundo diario de tirada nacional: una cabecera que contribuyó a fundar hace casi 25 años y de la que, hasta ahora, había sido su único director. Pedro J. hace un repaso de las informaciones y revelaciones de su medio que han afectado al Gobierno de Mariano Rajoy: el caso Bárcenas y la financiación ilegal del PP; los SMS cruzados entre Rajoy y el extesorero del partido; los sobresueldos de los cargos dirigentes y las percepciones del marido de María Dolores de Cospedal tras la fusión de Caja Castilla-La Mancha son algunas de las que cita como problemáticas. “El presidente acusó a El Mundo en el Parlamento de manipular y tergiversar las denuncias de un delincuente para generar una calumnia”, recuerda. En cuanto al papel de la Corona en su destitución, destaca los episodios de Botsuana, Corinna, Urdangarin y la Infanta.

El objetivo declarado de Pedro J. Ramírez fue crear un complejo mediático de centro derecha que le permitiera ser el principal referente de ese espacio ideológico para la audiencia y para el poder político y económico. Es decir, lo mismo que habían logrado el diario El País y el Grupo PRISA en el centro izquierda. Al servicio de ese objetivo, convirtió a El Mundo en el abanderado de la derecha liberal española, plenamente homologable con la derecha europea. Una derecha más moderna, en general más centrada, y con mayor capacidad de influencia y de penetración social que la que podían conseguir los medios clásicos, como el monárquico ABC, demasiado ligados con sectores específicos de la población (en términos ideológicos, sociales y, sobre todo, generacionales). Pero su candidato no era Mariano Rajoy, al que considera un perdedor carente de cualidades para liderar un proyecto semejante. Durante años, desde que pidió su dimisión tras su segunda derrota en las elecciones generales de 2008, Pedro J. intentó acabar con su carrera política a base de editoriales y escándalos (exactamente igual que lo había intentado, quince años antes, con Felipe González). Su candidata para presidir el PP era Esperanza Aguirre, que durante años ayudó generosamente al periódico con publicidad institucional y todo tipo de favores.

Sin embargo, al final, Rajoy ha demostrado más liderazgo, más fortaleza y más iniciativa que las que Pedro J. le concedía, y ha acabado por vencer en su larga disputa con el ya exdirector de El Mundo. Y para ello ha aplicado su sistema favorito: el tiempo y la paciencia. Primero le retiró el favor del PP; después la publicidad institucional; y finalmente la dirección del periódico (al poco de acabar un blindaje acordado por Pedro J. con los dueños de la empresa, Unidad Editorial, que en la práctica imposibilitaba su despido).

El Mundo de Pedro J. Ramírez se ha acabado: es el fin de El Mundo que conocemos. Pero no es el fin de Pedro J. Ramírez. Es más que probable que se embarque en un nuevo proyecto de coordenadas similares. Porque no parece verosímil que se retire y se dedique únicamente a lo que quiera que se dediquen las personas que reciben indemnizaciones de 20 millones de euros por su despido. Lamentamos no tener experiencia al respecto.