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Fines de ETA – Por Luis Del Val

   

Mientras hoy los componentes del mariachi Intermediarios Sin Fronteras se aprestan a colaborar en el adelanto de las fiestas de carnaval, con el vodevil que lleva por título Yo entrego las armas, tú tampoco, el juez Bermúdez ha pedido informes a la Policía y la Guardia Civil para desentrañar los fines de ETA. No hace tantas calendas, el antiguo juez Baltasar Garzón, hoy abogado y con clientes pertenecientes a la mafia rusa, pidió el certificado de la muerte de Francisco Franco, es decir, que tenemos unos jueces nada apresurados, a los que se les podrá acusar de cualquier cosa menos de precipitación. Descartada la incitación a la filatelia o la reforma del reglamento de las corridas de toros, es probable que ETA quisiera matar a quienes no estaban de acuerdo con ellos, aterrorizar a la población, y acabar con cuantas más vidas mejor. Se cargó a novecientas personas, pero atentó contra muchos más, porque la eficiencia tampoco funciona al cien por cien entre los asesinos, y yo no sé si eso es genocidio, pero matar a todo aquel que no comulgue con lo que sueñan que debería ser el País Vasco parece un propósito que se lo parece. Que, a consecuencia de sus acciones, se produjera el éxodo de un cuarto de millón de vascos, que tuvieron que dejar sus casas, amedrentados por los genocidas de nuevo cuño, es algo que se parece bastante al éxodo de esas tribus africanas que tienen que emigrar de su país por la persecución a la que son sometidas. A todo esto los Intermediarios Sin Fronteras no se colocan ningún tipo de vestuario para la representación, ni se explica qué organismo les paga las dietas, si son los terroristas o son los compañeros de viaje, pero alguien les paga, porque estos vocacionales de la paz no se mueven si no están cubiertos los gastos. A lo mejor les podría consultar el juez Bermúdez, porque estos si saben cuáles son los fines de ETA.