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El futuro es de Susana – Por Pedro Calvo Hernando

   

La política es a menudo un espectáculo. La convención vallisoletana del PP se lleva la palma. Nada de lo allí ocurrido responde a la realidad política y económica de este dolorido país nuestro. Resulta que en Valladolid nadie ha visto los problemas internos del PP, al revés que el resto de los españoles, que se habían pasado una semana entera contemplándolos. Resulta que el culpable de todos los males de España, según Rajoy, es Rubalcaba, quien mordía el anzuelo y se defendía con vehemencia de algo de lo que nadie más le acusaba. A las pocas horas venían las desoladoras cifras del paro, que tiraban por tierra los falsos entusiasmos. En la convención estos dos últimos años han sido definidos como gloriosa gestión de un Gobierno… desastroso. Esa bajada de impuestos sería para intentar ganar las elecciones generales del 15, y si lo consiguieran, enseguida encontrarían pretextos para volverlos a subir. Al tiempo. Y el otro espectáculo, este muy positivo y además televisivo. Me refiero al programa Salvados, de La Sexta y de Jordi Évole, el sustancial debate Felipe González-Artur Mas. Yo les dejaría que entre los dos pergeñaran una solución medio satisfactoria para todos, pues en esa hora demostraron que la solución del problema catalán es posible a través del diálogo y la indagación inteligente de los pasos racionales, políticos y lógicos que hay que dar. Felipe y Mas han marcado la senda, que es justo la contraria de la que ofrece Rajoy, que es la negación del diálogo, el desprecio absoluto al oponente y la radical ausencia de un mínimo horizonte de solución. Esto tendrá que esperar a que el PP salga del poder, si Dios no lo remedia, y accedamos a un Gobierno plural, responsable y decidido a reformar profundamente esa Constitución que el actual Gobierno se niega a tocar. Un Gobierno tal vez presidido por Susana Díaz. Susana, a quien nadie tildará de separatista, se ha reunido con Mas y ha aportado lo mejor de lo mejor desde la política activa. El futuro es de Susana, oigo decir por ahí y lo comparto. Una alegría, entre tanta oscuridad y tanta tristeza.