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Una gota en el fango

   
Manuel Zaguirre, en la sede de la USO en Santa Cruz de Tenerife durante la presentación del libro. | DA

Manuel Zaguirre, en la sede de la USO en Santa Cruz de Tenerife durante la presentación del libro. | DA

DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife

No está parado ni retirado. Es, eso sí, un jubilado activo que se mueve con la fuerza motriz de su conciencia. Sin ninguna carga de responsabilidad institucional a sus espaldas, Manuel Zaguirre hace del compromiso social una causa justa. Como se aburría, el histórico sindicalista ganó tiempo y reunió 73 artículos en un libro de 246 páginas. Algunos de esos escritos suyos (2012-2013) se publicaron en el DIARIO.

Estos días ha estado en Tenerife -se ha encariñado “con la isla y su gente”- para presentar la recopilación reflexiva. “Mi intención ha sido crear inquietud sobre tres ideas: resistir, construir alternativas y practicar la solidaridad”, resumió Zaguirre en la sede de la USO en Santa Cruz de Tenerife después de tres horas de asamblea coloquio con una pausa para la venta directa y la firma de ejemplares. “Es la única manera de salir de esta y de ver esperanza [en la tiniebla]”.

El precio de la obra es voluntario, a partir de una aportación mínima de 12 euros. La recaudación no va destinada a cubrir vicios inconfesables del autor, sino a sufragar necesidades más imperiosas: un proyecto de formación profesional de jóvenes paraguayos a través de SEPA, una prestigiosa organización al servicio de personas empobrecidas.

La trayectoria de Manolo Zaguirre es un largo recorrido por intrincados vericuetos que moldearon la figura humana de un aguerrido militante que echó a andar allá por 1967. Fue el primer secretario general electo de la Unión Sindical Obrera en Cataluña (1969-71). Entre 1977 y 2002 lideró la USO en toda España. Lo sustituyó el tinerfeño Benito López. Dirigió la fundación Sotermun de 1994 a 2010.

Cual gota de agua cristalina en el fango, Zaguirre proclama que lo que está pasando “no es una maldición divina”. Combate la resignación con alma desarmada y palabras que no resbalan, sino que limpian heridas ensangrentadas. “Esto es una estafa. Tomando razón de eso, nos pueden vencer pero no convencer”.

A su entender, “el cuento de la deuda, el déficit y los mercados financieros es una gran mentira, un manejo virtual”. Hay, observa, “una decena de gente que se dedica a multiplicar fortunas sin producir nada”. Se trata, en buena medida, del “capitalismo de la especulación y el delito”.

En mitad de la tormenta, Manuel Zaguirre aboga por “una economía de proximidad, más racional, social y solidaria”. No tiene ningún inconveniente en que participe la iniciativa privada. “Sobre normas transparentes reguladas por la legislación y el sentido común”, puntualiza.

“Ya estaba escrito que ese no era el camino”
Lo que está sucediendo en torno al sindicalismo en España -“Que conste que no todos somos iguales”, matiza Manuel Zaguirre- ya lo denunció el exdirigente de la USO hace treinta años. “Y no quiero ser pretencioso”, se apresura a bajarse de la nube. “En su momento advertí de que ese no era el camino”, dice en alusión al berenjenal en el que se han metido los mandos de CC.OO. y UGT.

“Han cogido un atajo, mucho más cómodo para ellos, a la sombra del poder, con subvenciones… La vida fácil, regalada. Eso lleva inevitable a lo que estamos viendo. La senda es esta otra: autofinanciación, un sindicalismo de cercanía, decente y a la velocidad que le permitan sus posibilidades”. El sindicato es “un reflejo de los asalariados”, recalca. “Se eligió una fórmula rentable para los aparatos mientras los trabajadores eran castigados”. Desde esa perspectiva, Manuel Zaguirre concluye que algunas organizaciones (“sindicatos y partidos políticos”) han estado “muy dopadas”.

Ante el riesgo de ser reclutado por el “batallador” ejército antisindicalista, Zaguirre huye de la “ofensiva”.