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Héroes – Por José David Santos

   

Ser un héroe o que te suban a los altares de la deidad humana está muy barato en España. A falta de verdaderos líderes sociales, ante la ausencia de políticos con crédito, en un país donde ser poeta, novelista y no digo ya filósofo o investigador científico es ser parte del cuarto o quinto escalafón social, crear mitos, encumbrar discursos y colocar en el olimpo ciertos sacrificios es sencillo para algunos. En estos meses hemos visto cómo, en ese gran escaparate de divinidades y opio que adormila que es el deporte, las llagas de Rafa Nadal, el plante de los jugadores del Racing de Santander negándose a jugar un partido de fútbol o el fallecimiento de Luis Aragonés han sido objeto de una pléyade de elogios, de decenas de páginas en periódicos -deportivos o no-, eje central de miles de conversaciones a la hora del desayuno y, sobre todo, el claro ejemplo de que, siendo necesarios, los héroes ya no pintan nada para lo que realmente importa. No dudo yo del sacrificio de Nadal por ganar, ni de los argumentos de los jugadores de Santander para no correr tras la pelota, ni mucho menos de lo buen entrenador o persona que era Aragonés. Pero todos esos méritos no son suficientes para convertirlos en guía, en ejemplo, en luz hacia algo mejor de lo que somos. Y no lo son porque alrededor de todas esas noticias hay una realidad durísima para miles de personas que, igual, sí necesitan a alguien que los saque del pozo, necesitan a su particular héroe. Tiempo atrás eran los grandes empresarios, los políticos o los llamados pensadores los que estaban destinados a promover los cambios, las mejoras, las soluciones a los problemas de sus congéneres. Cierto es que en aras de esos liderazgos el mundo aceptó -y acepta- a varios tiranos, pero en la balanza de la historia creo que tienen más peso los que lograron que la humanidad fuera mejor. Ahora, cuando parecía que el avance era imparable, que el progreso nos hacía más sabios, el mundo y España vive una crisis que nos tiene a todos con el corazón y el estómago encogido. Hay miedo y para calmar esos temores solo parece que tengamos unas llagas, un plante y el recuerdo de un entrenador de fútbol… Con todo respeto, no creo que sea suficiente.

@DavidSantos74