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El indiano Antona – Por Román Delgado

   

Asier es muy buen chico… Asier Antona, el palmero segundo del PP en Canarias, que el primero, y de esto no hay duda, pese a la distancia y a las zonas sin cobertura que quedan en España y el extranjero, es el ministro Soria; Soria es el presidente y es el que más manda: el único que manda. Muchos, bien que lo saben, que hasta lo han sufrido en sus propias carnes. Y, ojo, no hablo de lesiones. Nada de esto. Hablo del consenso impuesto por el silencio obligado, que deben hablar poco, salvo para decir aquello de: “Sí, guana”. En este océano poco participativo, debe nadar el pibe Antona, que es el secretario regional del PP sin mando en plaza, una especie de avanzadilla del jefe, un buen chico, sí, aunque siempre en automático. También bastante preparado para lo que hay que ver por estos lodazales, salvo que se atraganta mucho y tira de manual y argumentario pepero en exceso, con demasiada frecuencia y de manera atroz y cansina. Casi mata, el muy pesado. Antona es capaz, como ya lo fue Cristina Tavío, pero con menos fallos, de defender todo lo que haga falta y más, tanto en la tierra como en el cielo. Este don semidivino, que él abraza con pulcritud de beato, le permite defender sin sonrojo que no hay contradicción política entre la actitud de oposición a las prospecciones petrolíferas en aguas próximas a Baleares o a la Comunidad Valenciana (más cercanas a la costa), los noes del mismo partido que él representa en estos peñascos tan españoles, y la defensa ciega de los sondeos de Repsol en aguas de España a 60 kilómetros, ¿muchísimos?, de la costa canaria más próxima, que, si no se me ha ido la pinza, está en Fuerteventura. Antona, al que ciega (y se deja) su jefe, Soria (ministro del crudo y timonel institucional del proyecto de Repsol en aguas cercanas a las Islas), no observa, y con esto reconfirma su ceguera, contradicción alguna entre la postura valenciana-balear del PP y la canaria de Soria y de él mismo, con todos los demás (el complejo del loro); es decir, del partido en el que Antona poco manda, salvo el gesto débil de aquel día, en una ejecutiva regional y con Soria cerca, cuando se quejó del tormento que significa defender en la calle las cosas tan polémicas que se alumbran en Madrid, y no hace falta decir más. Se lo ponen difícil. Pobre, que no entiende cómo hay periodistas que lo empujan contra las cuerdas cuando lo que “de verdad importa” es lo mal que aquí están las cosas por Rivero, y bla, bla, bla… No puedo más.

@gromandelgadog