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“La situación económica da a la sociedad coraje para vivir de otra manera”

   
Acerina durante el espectáculo Art & Life_ Good Work, en 2011. | DA

Acerina durante el espectáculo Art & Life_ Good Work, en 2011. | DA

Por Melanie Reiriz

La tinerfeña Acerina Amador es una coreógrafa y bailarina de danza contemporánea con amplia participación en contextos internacionales. Artista arriesgada y comprometida, le apasiona la coreografía fuera de los límites disciplinarios que la definen.

Sus propuestas creativas aúnan la performance, las artes visuales y cualquier otra manifestación artística que le permita transformar la mirada del público. Ha trabajado con artistas de la talla de Deborah Hay, Michelle Boulé, Wojtekz Ziemilski o Josep María Martín, entre otros.

-Sus obras tienden a ser multidisciplinares, simultaneando teatro, danza y cualquier otra manifestación artística que le permita reconstruir lo conocido y llevar a los espectadores a lugares insospechados. ¿Le resulta difícil hacer reaccionar al público, transformar su mirada?
“Mi sensación es la contraria. Me parece que toda esta sacudida económica está suponiendo un sufrimiento que obliga a plantearse nuevas posibilidades de vida. Por supuesto, estas reflexiones no están presentes en todos los sectores, pues los responsables del desastre económico aprovechan ahora para hacerse aún más poderosos al comprar todo tipo de riquezas a precios más bajos, pero sí percibo en esa antigua clase media una nueva consciencia, una sed de liberarse de todo lo que el capitalismo nos ha prometido engañosamente y, tal vez, un atisbo mayor de coraje para vivir de otras maneras, que al final es lo que me gustaría conseguir con mi trabajo, atisbar otras posibilidades de percepción y de existencia”.

-¿Dentro de la multitud de capas de sus piezas deja algún hueco a la improvisación?
“En la mayor parte de mis trabajos está muy definido qué se hace y dónde en cada momento, pero siempre queremos tener la atención abierta a escuchar lo que está pasando en el espacio, que incluye a todas las personas que están compartiéndolo con nosotros en ese momento, por lo que esa escucha es lo que permite añadir o modificar algo que es válido solo para ese momento, en ese lugar concreto”.

-¿Cómo describiría su proceso creativo?
“Hasta ahora he hecho el ejercicio de situarme en un lugar distinto para cada trabajo, partir de conceptos, de maneras distintas de enfocar la creación, así como invitar a artistas diferentes”.

-¿Puede decirse que hay un hilo conductor a través de toda su obra?
“En mi trabajo hay un hilo conductor que soy yo, que es mi esperanza, mi amor por la vida, mis dificultades, mis errores, mi vergüenza, mi espontaneidad… Al final no importa cuán conceptual pueda ser un trabajo, pues cualquier trabajo vivo tiene de fondo una gran emoción que remite a las cuestiones íntimas que atraviesan al artista”.

-En Les Stripteases de Aidi Eisid utiliza su cuerpo para expresar, cuestionar, sin pudor. ¿Le supone alguna dificultad desnudarse delante del público?
“No. Cuando lo he hecho he considerado siempre que era necesario, igual que he trabajado en piezas para otros artistas donde hemos lidiado con el erotismo o la sexualidad. Sin embargo, fuera del escenario cuido qué expongo y a quién”.

-Tras su experiencia en contextos internacionales, ¿considera que la expresión corporal se entiende de forma diferente según la cultura?
“Por supuesto. Hay una frase que me hace mucha gracia: ‘Hay que pensar en el público’, a lo que yo respondo siempre que habrá que ver en qué público quiere cada artista pensar. Hay públicos distintos, con recorridos, exigencias y necesidades distintas. Por tanto, no son mejores ni peores, pero un trabajo puede ser un gran éxito en un contexto y no generar ningún efecto en otro y viceversa. Es responsabilidad de cada artista entender qué público va a ser receptor de su trabajo, así como responsabilidad de los agentes culturales la de crear, cada vez, públicos más flexibles y especializados”.

-¿La danza contemporánea es accesible a cualquier tipo de público?
“La danza contemporánea conforma un territorio amplio y vasto de propuestas. Es difícil hablar de ella como si existiera solo una, ya que hay un panorama muy rico y diverso, pero creo que, a diferencia de otras danzas que pueden tener una recepción más inmediata, pues se basan fundamentalmente en la explosión estética que pueden generar en los sentidos, los trabajos contemporáneos requieren una capacidad de lectura que, a veces, se tiene de manera innata, pero otras se va adquiriendo a través de ver espectáculos, leer, ejercitar la imaginación y con la capacidad propia de construir significados de manera consciente. No es solo asimilar lo que una obra propone”.

-¿Qué opinión le merece el ballet clásico que representa Rudolf Nuréyev?
“Siento un profundo respeto por los bailarines de ballet, y considero que, como técnica, es útil e, incluso, necesario conocerla aunque luego no se utilice. Mi problema con el ballet clásico es político, pues tiene que ver con el tipo de cuerpo que propone, esa aspiración constante por llegar a un ideal que, por definición, es imposible de alcanzar; esa relación social en la que existe una clara y firme jerarquía entre bailarines; ese uso de la escena como un lugar de ensueño que, en general, no ha buscado formular cuestiones relevantes del aquí y ahora sino agradar y confirmar estereotipos; esa relación con el público en la que el intérprete muestra movimientos imposibles de realizar para la audiencia y, por tanto, se sitúa en una posición de superioridad. El coreógrafo francés revolucionó la danza en los 90 porque fue capaz de proponer un trabajo que hablase al mismo nivel que el público no especializado. Jerôme nos comentaba en Viena cómo le resulta imposible trabajar con la mayor parte de bailarines virtuosos en ciertos lenguajes porque, paradójicamente, les es imposible ser danza, bailar más allá de técnicas, con la vida y para la vida”.

-Descienden las representaciones, los espectadores, el respaldo económico… Esto para el artista se traduce en una imposibilidad económica para crear. ¿Cómo resistir?
“Inventando fórmulas nuevas, no cediendo a aquellos que parecen desear que vivamos en un mundo gris, sin preguntas ni imaginación, de esclavos dispuestos a hacer cualquier cosa para acrecentar sus poderes transnacionales. Ahora mismo, en España es necesario, en el 98 % de los casos, combinar actividades, creación, interpretación, pedagogía… Ejemplos como el Tenerife Danza Lab, con nueve años de apoyo público, son contadísimos, desgraciadamente”.

-Actualmente compagina sus representaciones con la enseñanza de la danza y la terapia psicológica. ¿Cuáles serán sus próximos pasos?
“Este año estoy tratando de realizar un proyecto con el coreógrafo suizo Marco Berrettini, para lo que estamos concretando apoyos de diferentes instituciones. También espero poder cumplir con los compromisos de actuaciones e impartir cursos en distintas universidades e instituciones privadas de Eslovenia, Rusia y Sudáfrica, además de realizar una residencia en el Centro Coreográfico de La Gomera o formar parte de los nuevos trabajos de artistas como Sonya Levin o Kieron Jina. Asimismo, estoy impulsando varios proyectos en La Laguna, ya que una de mis ilusiones es crear condiciones para otros y poner mi grano de arena en el crecimiento y la consolidación de la comunidad artística canaria, para lo que se necesita el compromiso y firme trabajo de artistas, políticos y de los propios ciudadanos, que muestren, con su presencia, que muchos prefieren las actividades culturales al botellón”.