X
tribuna > Fermín Bocos

El lema de Rajoy – Por Fermín Bocos

   

Festina lente, apresúrate despacio. Mariano Rajoy parece haber hecho suyo el lema del emperador romano Augusto. Tiene a su partido pendiente de la elección del cabeza de lista al Parlamento Europeo y apuró hasta el último minuto la designación de Juan Manuel Moreno como candidato del PP para presidir la Junta de Andalucía. El nombre del elegido trascendió a última hora y para desconcierto de la mayoría -incluida la nomenclatura regional-, el agraciado no era quien previamente había sido señalado por María Dolores de Cospedal. No hay precedentes de una desautorización tan clamorosa. Ha sido un espectáculo político no exento de cierta crueldad porque se supone que la secretaria general de un partido es quien controla -o debería controlar- la cocina de todo lo que se cuece en la organización. Otro tanto podría decirse de José Luis Sanz, todavía secretario general del PP de Andalucía. Cuentan por Sevilla que la víspera de la cooptación de Moreno Bonilla, la única duda de Sanz era sobre el color de la corbata que pensaba lucir en la rueda de prensa (convocada) en la que estaba previsto oficializar su designación como cabeza de cartel para disputar a Susana Díaz la presidencia de la Junta. Eso era lo acordado con Cospedal. Tras conocer la noticia de su descabalgamiento le hemos visto en algunas imágenes con una cara que recuerda los pasos de Semana Santa mientras permanecen varados en las sacristías de las iglesias a la espera del día de la procesión. Está claro que, en este caso, la procesión va por dentro. Hablando de reliquias, quienes daban por amortizado a Javier Arenas están rectificando. Aunque retirado de la línea del coro a la espera de que se apaguen los focos del caso Gürtel, es indudable que sigue estando de pie junto a la oreja del Jefe. Rajoy le escucha y Arenas, como el Cid, gana batallas aunque ya no esté como protagonista en el cartel que anuncia la película. La derrota interna y de imagen sufrida por Dolores de Cospedal recuerda alguno de los episodios que en el ánimo de Alfonso Guerra fueron forjando el distanciamiento con Felipe González que acabó cristalizando en renuncia. No digo que este sea el caso porque ni las relaciones personales son las mismas ni las circunstancias políticas similares, pero no me cuesta imaginar el desasosiego de Cospedal, visto que, además, en esta batalla interna también parece haber tenido voz su rival: la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Voz y éxito. Desde luego, está entre los vencedores. Estas cosas tardan en aflorar pero acaban saliendo. De momento, en el caso de Cospedal, la procesión va por dentro.