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Lo que está por venir – Por Jorge Bethencourt

   

Gobernar es acertar y, en ocasiones, equivocarse y asumirlo. Azaña decía que en España se gobierna contra la oposición y se hace oposición contra cualquier cosa que haga un gobierno. Se ha convertido en un hábito de los que mandan no reconocer ningún error y no asumir ninguna responsabilidad, refugiándose en los mejores aliados: el tiempo y la falta de memoria de los ciudadanos. La muerte de varios inmigrantes que intentaban entrar en territorio español se ha convertido en la típica y tópica polémica made in Spain en la que nadie tiene la toda la razón y todos tienen una parte de la culpa. Disparar balas de goma a los inmigrantes es tan salvaje como hacerlo con los manifestantes españoles. Y se hace. El problema al que nadie se quiere enfrentar es que se está produciendo una oleada perfectamente consentida para presionar sobre las dos ciudades autónomas. Tan perfectamente planeada como cuando se lanzó sobre Canarias una lluvia de pateras, que como mismo empezó terminó misteriosamente. Es perfectamente legítimo y necesario investigar el uso de medidas de fuerza contra quienes intentaban entrar en España. Lo que convierte este asunto es una cochinera es el uso y el abuso de la demagogia tanto por la oposición como por los altos cargos del Gobierno que cada vez que hablan perjudican aún más la imagen del ejecutivo de Rajoy. Tras las bambalinas de este trágico teatro, construido sobre el drama de los pobres que intentan alcanzar el paraíso, se esconde la voluntad de quienes manipulan estas oleadas creando un problema que luego resuelven a cambio de favores financieros. La frontera Sur de Europa se intentó blindar creando un país tapón -Marruecos- en el que se han invertido toneladas de millones en programas de inversión, ayudas créditos y cooperación empresarial. Por lo visto para nada. Mientras la dulce e ingenua Europa se escandaliza por estas muertes (es la misma Europa que dormitaba mientras los Balcanes se convertía en un genocidio) sigue pidiendo el blindaje de las fronteras y la inmediata expulsión de los inmigrantes que no se ahogan en Lampedusa o en las playas de Ceuta. Como el mono que se tapa los ojos, nadie quiere ver lo que se nos viene encima. Y en Canarias deberíamos pensar en ese viejo aforismo: cuando las vallas de tu vecino veas arder…