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Luis Herreros – Por Zenaido Hernández

   

A lo largo de muchos años los agricultores productores de flores y plantas ornamentales de Canarias conocieron y avanzaron gracias a la entrega y profesionalidad. Luis Miguel Herreros Delgado, técnico agrícola que ejerció como agente de extensión agraria durante muchos años. Fue profesor y especialista en la Escuela y Centro de Capacitación Agraria de Tacoronte e investigador en el ICIA (Instituto de Investigaciones Agrarias de Canarias). Previo a esa etapa de intensa labor profesional fueron sus años de estudios en agronomía que cursó en la Universidad de La Laguna, en la recordada Escuela Politécnica de la calle de San Agustín, junto al Obispado. Luego, decidido a ampliar su formación, viajó a Holanda para aprender de la pujanza que allí alcanzaban durante la década de los sesenta los cultivos intensivos. En esos años de inmersión en la agricultura de vanguardia trabajó y estudió para adquirir y potenciar un caudal de destrezas y consolidar la inquietud permanente por innovar en pos de los mejores resultados que quiso traer a Canarias.

Por ello, de vuelta a la Isla accedió previa oposición al SEA, organismo autónomo del Ministerio de Agricultura, que supo reconocer y valorar su especialidad y donde desde un principio demostró su alta capacidad para desarrollar diferentes proyectos y dejar constancia de sus conocimientos en un amplio número de publicaciones. Luis Herreros atesoraba la virtud del mejor observador y así, con una clara llaneza en el trato, supo estar atento y disponible ante cualquier llamada del agricultor, ofreciéndole soluciones para resolver los problemas más variados. Esa capacidad de trabajo y de innovación le confería el reconocimiento debido para actuar como nexo en la extensión de un variado plantel de soluciones. Si rastreamos su vida profesional de inmediato podemos apreciar que participó activamente junto a otros compañeros en dar respuesta a los retos que se planteaban en años de búsqueda de alternativas y lo hizo unido a los pequeños agricultores con quienes puso en marcha acciones de eficaz proyección como la cooperativa Tenflor, que permitió comercializar inicialmente la producción del clavel y más tarde la de rosas y otras flores, o bien con quienes iniciaron la producción y exportación de fresas a través de otro ente que resultó igualmente eficaz, Freteco. Y así, con ejemplar generosidad, estuvo siempre participando en cuantos proyectos se fueron consolidando para crear cauces con los que mejorar la producción y alcanzar la necesaria proyección comercial. Las agencias de Extensión Agraria de toda Canarias se vieron asistidas por su inestimable apoyo, que se concretaba en el puntual asesoramiento epistolar o en la visita a pie de finca, para conocer la marcha de los cultivos. Fueron numerosos sus artículos publicados en la prensa, en las páginas semanales de periódicos y a través de la radio, en una eficaz labor divulgativa que coordinó Manolo Criado.

Luis Herreros, jubilado hace unos años de la actividad profesional, seguía con especial atención la marcha del subsector de flores y plantas ornamentales, ofreciendo alternativas, soluciones de fácil aplicación, rastreando en todos los medios las medidas que pudieran ser de utilidad en nuestro entorno y contribuyendo a que estas llegaran y se aplicaran para dar mayor rentabilidad a las explotaciones. Muchos jóvenes, hoy veteranos profesionales, se incorporaron de su mano a la actividad agraria y siguieron atentos a sus recomendaciones y propuestas.

Cuantos tuvimos la suerte de conocerle pudimos aprender de su honda naturalidad, de la sencillez de su entrega siempre generosa, de su espíritu sereno y reflexivo, propio de un bregador de simpar estilismo, que se supo medir tanto dentro como y fuera del terrero. Una gran virtud que llegó a trasladar a sus hijos y a sus muchos vecinos en Valle de Guerra y que sirve de guía a los numerosos amigos que le recordaremos siempre.