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La luminosidad oscura – Por Juan Pedro Rivero

   

Les pido que me perdonen comenzar con esta paradoja con la que he titulado esta reflexión: la luminosa oscuridad. Es lo que solemos hacer cuando la realidad que queremos definir lucha por no dejarse atrapar por los términos que usamos en el lenguaje común. El diccionario nos dice que una paradoja es una “idea extraña o irracional que se opone al sentido común y a la opinión general”. La poesía está llena de paradojas que ofrecen, en la misma contradicción, una aproximación a la realidad de por sí misteriosa o incomprensible. El poeta místico Juan de la Cruz habla de la música callada, o de la soledad sonora, para explicar la experiencia que no logra definir de modo descriptivo o lógico.

En estos días, hablando de la experiencia de la fe en Dios, -complicado misterio en cada persona- cayó en mis manos un texto con un juego paradójico con el que me sentí identificado. Definía al creyente como aquel que pasa “de la nube espesa de la increencia a la luminosa oscuridad de la fe”. Un paso apenas perceptible que sólo se diferencia en el gozo que surge en el corazón. Todos estaremos de acuerdo con que la experiencia de una nube espesa y de una luminosa oscuridad dista poco. En ambos casos es difícil ver. La fe es una luminosa oscuridad. Una paradoja: la seguridad y la certeza se combina con exquisito equilibrio con la duda y la incertidumbre. Como nos recordaba Benedicto XVI, ¡qué cerquita estamos los creyentes y los no creyentes ante la realidad inabarcable de Dios! En las páginas de los evangelios aparecen personajes que se dirigen a Jesús en términos próximos a estos: “Creo, pero dudo, ayúdame”. ¿Crees o dudas? Ambas cosas; a la vez y exquisitamente combinadas por mi mente y mi corazón. Luminosidad y oscuridad generando un dinamismo interior de confianza y de petición. Como estamos a las puertas de la Cuaresma, como muchos de nosotros queremos tomárnosla en serio, como se trata de un tiempo para purificar y despertar la fe, quería compartir con ustedes esta paradoja que la define. Si crees o no crees en Dios, no te agobies ni desesperes. Hay muchos que quieren creer y no pueden. La nube es nube para todos. Y la luminosidad siempre viene de afuera. Pídela.

La estrecha frontera en la que conjugamos a la vez -a veces a la par- la oscura pregunta: “¿Y si fuera verdad?”.
Luminosa oscuridad.

Juan Pedro Rivero es Rector del Seminario Diocesano
@juanpedrorivero