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Las mafias de mi país – Por Saray Encinoso

   

El lunes por la noche, después de que apareciera el cadáver de otro inmigrante en la costa de Ceuta y de que más de cien saltaran la valla de Melilla, el presidente de esta Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, dijo en la Televisión Pública de mi país que España tiene ante sí un reto ineludible. Debe decidir qué hacer, si eliminar los controles fronterizos o analizar por qué se puede usar material antidisturbios en las manifestaciones de cualquier ciudad española y es inconcebible hacerlo en las fronteras. El Estado, a través de la reforma de la Ley de Extranjería, tiene la capacidad de colocar “azafatas” en los pasos fronterizos o guardias. Mientras -recriminó-, los ciudadanos no han de opinar ni criticar el comportamiento de las fuerzas de seguridad -y en concreto el uso de pelotas de goma como fórmula de establecimiento de fronteras- porque está comprobado que eso “crea un efecto llamada” entre todos esos “jóvenes y atléticos” subsaharianos que, “organizados por mafias”, están atrincherados en el monte Gurugú.

Imbroda hizo todas estas consideraciones en una conversación telefónica con los periodistas invitados a La Noche en 24 horas y repitió el mismo discurso al día siguiente en el Senado. Su intervención debería haber motivado su dimisión si no fuera porque el ministro de Interior y el presidente del Gobierno piensan exactamente lo mismo. Cuando se habla de humanidad nadie cuestiona la legislación, la necesidad que tiene un estado de establecer fronteras o el papel de las fuerzas de seguridad. Tampoco es solo un dilema ético acerca de si es moral o no disparar pelotas de goma y balas de fogueo a personas que apenas saben nadar y obligarlas, extenuadas, a dar media vuelta hacia la otra orilla. Es un asunto más simple: son las normas. La Guardia Civil podía haber socorrido a los inmigrantes sin necesidad de una petición expresa del Gobierno marroquí.

Por sentido común, por humanidad, por vecindad y por ley: el Derecho Humanitario y el Derecho del Mar legitiman el auxilio. Seguramente los agentes habrían atendido a chicos que no sobrepasaban la veintena: África es un continente joven y para cruzar kilómetros de desierto hay que contar con una buena forma física. Es posible que muchos estuvieran atrapados en redes mafiosas. Estas organizaciones criminales se aprovechan de la desesperación humana y sobreviven explotando a personas al margen de la ley. Utilizan sus sueños y sus miedos para vaciarles los bolsillos.

Se supone que los políticos de las sociedades desarrolladas no hacen eso, que actúan dentro de la legalidad y que su misión es luchar para que las normas sean siempre justas y equitativas. Entonces, ¿quiénes son los mafiosos?

@sarayencinoso