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Maldito cristal – Por Irma Cervino

   

La bola mágica que había llegado en un paquete a nombre de la Padilla y que -como ya conté la semana pasada- interceptó Úrsula, estuvo retenida varios días en casa de las hermanísimas que la escondieron en el baúl de madera de roble blanco, tallado por su bisabuelo Pedro Arcadio. Tras el intento de robo por parte de Carmela que se ofreció a plancharles la ropa de cama para, de esta forma, intentar llevar a cabo el hurto, Úrsula se colgó la llave al cuello, tratando de imitar -sin éxito- un diseño de la prestigiosa firma Roselinde.

La propia Úrsula fue quien se dio cuenta de la jugada y sorprendió a la mujer justo en el momento en que estaba a punto de llevarse el baúl. Sin pensárselo se abalanzó sobre ella y la redujo en el suelo. Carmela le suplicó que no dijera nada de lo ocurrido y justificó su acción en la desesperación de saber si por fin acabará casándose con Pepe porque, aunque él se lo ha pedido ya, no confía mucho. A sus 43 años, Carmela ha sufrido dos plantes en el altar. Mientras le ayudaba a levantarse, Úrsula le recriminó que la bola no está para ese tipo de tonterías de “adolescentes baratos”, sino para “cosas mucho más serias”. Esa misma tarde, Úrsula sacó la bola de cristal del baúl, consultó los números de la Primitiva y salió corriendo al estanco. Al día siguiente, cuando conoció la combinación ganadora y se dio cuenta de que no coincidía con la de su boleto, casi rompe la bola contra el suelo de no ser por su hermana que le hizo un placaje que ni el más bruto de los All Blacks de Nueva Zelanda en un partido de clasificación para el mundial.

Desde entonces, Úrsula ya no quiso saber nada de la bola e intentó deshacerse de ella pero sin contar toda la verdad: que el maldito cristal ese no funcionaba. Su hermana le dijo que si ya no servía por qué no se la devolvía a la Padilla, pues a fin de cuentas era de ella. Pero Úrsula quiso sacarle rédito económico y convenció a Carmela de que se la comprara por un precio especial.

Ayer -Día de San Valentín- Carmela se convirtió en la dueña de la bola y anoche me confesó que, por fin, es la mujer más feliz del mundo porque realizó la ansiada consulta y la respuesta fue que Pepe le dará el sí quiero en el altar. Está tan contenta que ya no le interesa nada más y esta mañana temprano decidió regalarle a Juanpe y a Chaxi la bola para que consulten dónde pueden encontrar algún trabajo. Lo malo es que la Padilla les sorprendió cuando subían a su piso con la dichosa bolita y creyó que fueron ellos quienes le robaron el paquete. Pepe, el policía del edificio, ha tenido que llevarlos él mismo a Comisaría, a pesar de que su futura esposa, Carmela, le rogaba que no lo hiciera.

@irmacervino