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Mear y mearse – Por Román Delgado

   

Ahora que esta vieja historia del mamotreto parece que llega a su fin, tras sentencia recurrible pero con anuncio de muerte futura de despreciable mole, uno sólo siente el alivio que otorga la objetividad de que ya hay un fallo judicial que borra muchas sinrazones, que no es poco ni es mucho, sobre todo por cómo se acostumbra en esta tierra a jugar con balones bombeados al área chica. Pero, como en algún momento dijo un calvo, y éste era optimista: “Algo es algo”. Sí señor, y bien contentos. A la tormenta con precipitación pecaminosa que cayó tras la sentencia del viernes, se ha unido estos días el riqui raca… de González Ortiz a cuenta de la apuesta con truco de Carlos Alonso, con un millón de euros puestos encima de la mesa para jugarlos en montura ganadora. Alonso, que no era de echar pulsos, lo intentó otra vez (¡y las que quedan!, que ahora juega de libre y se cruza en todos los balones), pero, al otro lado de su hoy venerada CC, se tropezó con alguien flojo para la agarrada, pero que esta vez sí vio la oportunidad de contrarrestar esa apuesta tramposa del millón sacado de la maltrecha caja fuerte del Cabildo. Y lo hizo; lo hizo con un simple y anodino, aunque suficiente, “hay algunos que sólo piensan en salir en los medios”, o algo así, y con latiguillo final de que el respeto entre las instituciones es vital, necesario e insustituible, máxime, y añado, cuando el ataque es de CC a la diana de CC, la misma cosa hoy bien distinta. Aquí radica la clave de tal pelea. Alonso está en campaña, aunque, por su frialdad congénita, no lo parezca; o sea, pendiente de ver cómo cambia los sondeos que hoy desaconsejan que sea el líder de CC en las elecciones al Cabildo. Además, está a ver cómo en paralelo hace méritos poniendo chinitas a la plataforma contraria a su preferida en CC para las autonómicas; es decir, a ver, por si acaso, cómo hace la pelota a Clavijo, Oramas… Alonso actúa como cualquiera, igual de vulgar que el candidato con menos estudios: aprovecha que se halla de prestado en la cúspide y que no tiene oposición alguna a su alrededor (sí, señor Alarcó), y que además el PSOE le echa buena mano con su sumisión, para progresar y al ataque. Se trata de que alguien, más pronto que tarde, le diga al oído que los camareros de El Bohío ya saben quién es: la prueba de fuego. Por este verbeneo, Ortiz el otro día intentó mearle encima, un fuerte abrazo para Rivero. Aquí parece que nadie mea, pero todos empapan. Vamos, que mean mucho, y alguno hasta se mea.

@gromandelgadog