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La mina negra – Por Rafael Muñoz Abad*

   

En forma de gestación, Aeroflot o los ferrocarriles eran pequeños estados en la panza social de aquella aberrante y pantagruélica malformación estatal que Unión Soviética se hacía llamar. Sectores que para su personal tenían colegios y centros sanitarios propios. Si no en lo relativo a la degradación social que estas arrastran desde los años del apartheid, las minas sudafricanas sí que vienen a representar un equivalente a lo que acontecía en la extinta URSS con el ferrocarril en lo referente a la importancia, magnitud burocrática, económica o social de este. Consideración que ha trascendido la mera calificación de sector industrial. La minería representa un factor que suele rondar el 10% del producto nacional bruto sudafricano. Bajar a las muchas excavaciones del cinturón industrial del norte es descender a la caverna humana y la vuelta a la sociedad estamental previa a las revoluciones atlánticas. Sus estratos sociales están tan difuminados que incluso el ser negro tiene matices. Íntimamente conectada a la inmigración ilegal que sufre Sudáfrica como gran polo económico del África austral, la mina tiene su propio lenguaje de colores; siempre negros.

Un curioso, si no único, fenómeno migratorio norte-sur donde el efecto llamada de una economía emergente ha generado arrabales y ciudadelas cuya infantería nutre la minería. En los años del apartheid, el trato de los supervisores afrikáners hacia recordar la era de los faraones y la edificación de las pirámides a base de látigo. A día de hoy, el negro sigue siendo la base del profundo estamento minero del África austral; el lubricante que engrasa una maquinaria cruel y despiadada que no duerme y vomita carbón, cromo y oro. Los inmigrantes de Botswana, Mozambique o Zimbabwe, son vistos por los mineros oriundos como una competencia que ha redundado en la caída de sus sueldos. Alcoholismo y sida adornan este jardín digno del Bosco. Y es que bien sea en forma de huelgas, tiroteos policiales o unas condiciones de seguridad del siglo XIX heredadas de la De Beers Mining Company, la minería sudafricana esconde una terrible realidad muy poco conocida.

*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com