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Misterios de Malabo – Por Juan Carlos Acosta

   

Siempre es delicado hablar de Guinea Ecuatorial, máxime desde tan lejos, aunque ocurre igual si atendemos a las manifestaciones de los expatriados que viven en España y chocan entre sí de forma contradictoria, ya sea por el silencio, la exaltación o el rechazo visceral a la figura de Teodoro Obiang y su “régimen”. Si a ello añadimos el sentimiento de vergüenza que produce que nuestro país haya hecho el vacío a su única “provincia” negra tras su independencia en 1968, el desconcierto es notable. Mientras asistimos a un tránsito incesante y creciente de delegaciones internacionales, muchas de ellas europeas, por Malabo, sin que nadie al parecer se rasgue las vestiduras, nuestros políticos van a escondidas y firman tratados de cooperación con tinta invisible para volver raudos y veloces de madrugada y disfrazados de “Yonofui”. Los dos dedos de frente de nuestras autoridades se convierten en una sombra cuando hay que afrontar que África emerge con fuerza, tal y como reconoce el mismo Obama, quien ha asegurado que el próximo milagro económico del mundo será el continente vecino. Extraña por tanto que dos o tres medios españoles hayan dedicado esta semana alguna “columneja” al Foro de Diversificación Económica que acogió el formidable Palacio de Congresos de Sipopo, convocado para identificar alternativas a los ingresos generados por las riquezas naturales ecuatoguineanas, sobre todo por su abundante petróleo, y al que asistieron más de 200 empresas extranjeras; una cita que estuvo precedida por una reunión ministerial con un grupo de expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para pulir aspectos previos al simposio. Hasta allí se dirigieron muchas personalidades que suelen estar presentes en las grandes convocatorias mundiales, como el ex presidente del FMI y ex vicepresidente del Gobierno de España Rodrigo Rato, quien recomendó al ejecutivo nacional, entre otras cosas, seguridad jurídica, estabilidad fiscal, independencia del poder judicial y una administración pública profesional. Todo esto contrasta vivamente con la denuncia del único partido de la oposición en el Parlamento, el CPDS, que aseguró que las autoridades habían ejecutado ese mismo fin de semana a ocho condenados a muerte por una “decisión superior”. Obiang acababa de llegar de la cumbre de la Unión Africana de Etiopía, anunciaba que la próxima reunión de esa organización multilateral se celebraría este verano en Malabo, presidía la inauguración de ese importante Foro internacional en Sipopo y, por lo visto, ordenó celebrarlo con sangre. Suena contradictorio pero, desde entonces, ninguna otra información sobre la misteriosa sentencia ha trascendido, ni desde allí ni desde aquí. Quizás se trate de un eslabón más en la hipótesis de que el juego sucio se ha generalizado.