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Mudanza – Por César Martín

   

Picazón incómoda, como quien muda la piel. Desorden y caos. Todo patas arriba, sin sentido aparente. Suciedad en cada rincón; nada tiene el aspecto de lo que fue. Los elementos se descolocaron, no vuelven a ubicar el mismo espacio. La visión es dantesca, todo es presa de la confusión y agoniza. No se sabe bien qué hacer ya que nada corresponde con lo que era, el contexto cambió, la dinámica se rompió. No hay cadena de mando, ni secuencia, ni rutina. Ahora solo queda el vacío que se repite en un eco interminable y absurdo. Ya no queda sitio para refugiarse, apenas hay un apartado diminuto donde descansar. El cartón se amontona alargando su utilidad, fue capaz de encontrar una nueva oportunidad. Ahora contiene los elementos de una existencia y los arrastra miserablemente, sin cuidado, olvidando lo que fue en cada esquina, con cada golpe. Plástico y pegamento para sellar una vida, el resumen de un pasado que se mueve trashumante en busca de nuevos puertos. Entretanto, los recuerdos se agolpan mientras se encajan uno a uno, apelotonados, sin espacio para respirar, entre periódicos y gomaespuma. Se presentan todos de golpe, prácticamente sin avisar, esperando tener su momento y volver a colmarse de gloria haciéndole una jugarreta al tiempo. Provocan la sonrisa, el desánimo, la alegría y hasta el llanto. Sentimientos en stock a punto de ser clasificados y empaquetados. Paradójicamente, no te llevarás nada el último día… Y al fondo la luz de la puerta de salida. Detrás de su umbral nuevas cotas, lugares noveles que desafían proponiendo nuevas aventuras, nuevas perspectivas. Sin embargo, el miedo agarra fuerte, bloquea, acorrala. El viento sopla, no se sabe en qué dirección, y el temor a perder la cordura se hace latente. Pies a tierra. Mente fría. Las estrategias más básicas son necesarias para mantener la estabilidad en estos momentos. El cansancio hace mella, los músculos adolecen y no dejan a la mente fluir. Aún queda un viaje más; hay que volver a la carretera. La mirada se funde con el asfalto, las líneas discontinuas golpean la retina… Sería terrible perderse en el camino. Extraño limbo. Un punto muerto que no camina al futuro, pero que tampoco vuelve a pretéritos. Días color kraft.

@cesarmg78