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El mundo que viene – Por Fermín Bocos

   

Decía con sorna Jaime Balmes que antes de leer un libro de Historia era conveniente leer la biografía del historiador. De vivir hoy estoy seguro que extendería la cautela al mundo de los economistas. No hablo de todos; pero sí de aquellos que comparecen en los medios dando doctrina acerca de las recetas “liberales” para salir de la crisis. Se les ve demasiado unidos en sus intereses a determinados círculos de poder y a ciertas empresas. Poder al que sirven presentando como panacea para salir de la crisis: más recortes salariales, nuevo abaratamiento del despido, más contratos temporales, más minijobs a la alemana (salarios de 300 euros sin cotizaciones a la Seguridad Social) y, sobre todo, proclamando el que parece ser el paradigma del momento: la defensa de los contratos temporales. La precariedad laboral crónica como único futuro posible en las relaciones entre empresarios y trabajadores. Nos venden resignación. Obvio es decir que ni todos los expertos en economía se expresan con tanta insensibilidad social, ni se sabe muy bien por qué quienes así lo hacen acostumbran a presentar este corolario como las tablas de la ley de la única doctrina económica posible en el siglo XXI para acabar con la recesión y salir de la crisis. Desde un pedestal de proclamada superioridad se dedican denostar toda fórmula o medida partidaria de mantener unas relaciones de producción en las que aceptando que el empresario -que siendo quien arriesga su dinero, y, por lo tanto es lógico que aspire a obtener beneficios- también acepte contribuir a mantener las bases del estado de bienestar. Desde ayer, a raíz de la última remesa de datos del INEM sobre el comportamiento del empleo en el mes de enero (113.097 parados más que diciembre -el 60% mujeres-; 184.031 bajas en la afiliación a la Seguridad Social; un parado más cada tres minutos), les hemos escuchado decir que las cifras no son tan malas. Así ,sin más. Sin un minuto de reflexión a acerca de lo que supone que cerca de 5 millones de personas no tengan empleo y que, entre ellas, más de un millón y medio ya no reciben ninguna ayuda. Pese a lo insoportable de estas cifras, alguno de estos gurús sostiene que lo que hay que hacer es abaratar más, facilitar todavía más, el despido. La palabra que emplean es “flexibilizar”. Les parece bien, por ejemplo, que una empresa que declara 900 millones de beneficios pueda activar un ERE que supone el despido de más de 1.200 empleados y el cierre de algunas de sus plantas. Mil y pico familias al paro y que les vayan dando. No tienen compasión. Se diría que añoran la manera con la que hoy se hacen negocios en África. Negocios sin control. El futuro de la economía sin intervención de la política. ¡Ojalá no sea ése el mundo que viene!