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El negocio del siglo – Por Óscar Herrera

   

Cada paso que da. Cada control y regate. Cada disparo que acaba en gol, o aquel que no lo es pero lo merece. Cada vez que sus botas naranjas pisan la hierba del Heliodoro, y cada momento en que el dorsal 26 aparece en escena, es un momento único y seguramente efímero. Disfrutar de un talento natural como el de Ayoze Pérez tiene fecha de caducidad para los seguidores del Tenerife. El mes de junio, a la vuelta de la esquina, supondrá con casi toda probabilidad el adiós de Ayoze al Tenerife. Un adiós que anticipado en primicia por Álvaro Cervera escandalizó al personal por escuchar de su voz lo que todos tememos pero sabemos que acabará llegando. Las palabras de Cervera no son gratuitas. El trasfondo que tienen son la realidad de un acontecimiento que se aproxima. Mientras tanto, y entre discusiones sobre la torpeza de los dirigentes por no haberlo amarrado mejor, disfrutemos de cada partido, de cada momento en el que por el Heliodoro pasó un genio del balón nacido y criado con genes chicharreros. Mi memoria no da para irme más allá. Con 43 años y 36 de ellos viendo jugar al Tenerife, no recuerdo a casi ningún jugador que vistiera la elástica del Tenerife y que tuviera este talento natural, y menos un jugador de la tierra. He dicho casi porque hubo uno con parecidas cualidades aunque con otro sello. Se llamaba Fernando Redondo. No era goleador pero su clase y brutal finura con el balón fue un lujo para los ojos mientras jugó en el Tenerife. Un Tenerife de Primera aquel. Si en el momento actual el representativo estuviera en la máxima categoría y coincidiera con la aparición de Ayoze, su deslumbrante habilidad tendría mayor eco. Redondo se fue al Real Madrid. Eran otros tiempos, pero Javier Pérez sacó en aquella operación 4,5 millones de euros, con una buena parte cash, más la llegada de los madridistas Ramis y Víctor. Redondo era bueno, muy bueno. Y Ayoze, aunque en Segunda es muy bueno y además tiene gol. Miguel Concepción esta obligado, con su venta, a sacar unos beneficios mayores que los que se están hablando ahora. El jugador los vale y ya que se irá, para el Tenerife debería ser su gran negocio del siglo XXI. Ahora o nunca.