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Opiniones – Por Jorge Bethencourt

   

Las opiniones son como los traseros: cada uno tiene el suyo y sienta sus reales sobre ellos. Los esfuerzos por situar a Canarias en el mapa a veces comportan ciertas decepciones precisamente a causa de los traseros… digo de las opiniones.

El presidente de los empresarios españoles, agrupados en la CEOE, vino a visitarnos amablemente hace unos días. La estancia del señor Rosell dejó dos perlas engastadas en la tinta de los titulares de prensa: que hay que ponerles las cosas fáciles a los que quieran invertir en Canarias y que los sondeos de Repsol en aguas cercanas a las islas no tienen ningún peligro.

Rosell anda tan liado con el capote, lidiando el toro de Cataluña, la secesión, la consulta inconstitucional y la división de los empresarios catalanes, que hay que perdonarle que no haya tenido tiempo de tener una opinión más seria sobre una economía que arrastra 380.000 parados en una clase activa de poco más de un millón de almas.

Uno la esperaría de una fuente de autoridad como el presidente de los empresarios españoles. Pero, claro, teniendo en cuenta que el anterior presidente de la CEOE está en el talego por su gestión empresarial, tal vez uno se hace demasiadas ilusiones sobre los prestigios, los cargos y sus traseros… digo opiniones.

Uno esperaba que el asunto de los empresarios fuera la modificación del Régimen Económico y Fiscal de Canarias al que ya nadie hace ni repajolero caso. Huele francamente mal, como una opinión -digo trasero- que haya desaparecido de la actualidad el debate de la principal herramienta económica de las islas. Pese a los esfuerzos publicitarios del Gobierno. Pese a la preocupación de algunos expertos, economistas o sindicalistas.

Guillermo Núñez, catedrático de Derecho Financiero y Tributario, decía hace bien poco que daba pasmo que no se hubiera realizado un profundo estudio sobre los resultados del viejo REF en la economía de las islas antes de elaborar un proyecto de modificación del nuevo.

Nadie quiso estudiar si ese REF devaluado nos condujo a una economía productiva descompensada y una bolsa de parados impresentable para una sociedad desarrollada, porque eso nos llevaría a poner en cuestión el gigantesco tinglado público que se ha construido con mayores impuestos y exigencias fiscales.

Y abriría un incómodo debate. Mejor seguimos adelante como si no pasara nada, ciegamente existiendo, aunque estemos tocando el fondo.