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Otra vez de bronca – Por Jorge Bethencourt

   

José Manuel Soria, que además de ministro de la luz en cuarto creciente (o en creciente de cuartos) lo es de Turismo, ha decidido llevar al Gobierno de Canarias al Constitucional. Esto no signfica -aclaro que hay mucha gente torpe- que haya invitado a los miembros del ejecutivo canario a darse una vuelta por el bello edificio con forma de suflé donde se aloja en Madrid el tribunal que entiende del texto del 78. Todo lo contrario. Significa que los va a denunciar por legislar contra la Constitución, contra las leyes europeas, contra la libertad de circulación de empresas y contra el Domund.
El secretario general del PP está defendiendo a capa y espada los intereses del empresariado de Gran Canaria que está con la ley como un cánido con gasolina debajo del rabo. Con razón, claro. Porque en Gran Canaria se pegaron diez años para terminar el Plan de Ordenación Insular del Territorio (PIOT) y se les pasó el arroz. Tienen demasiado suelo turístico por edificar y quieren hacerlo a toda prisa porque Tenerife les ha mojado la oreja con un millón y medio más de turistas. El Gobierno de Canarias, con la nueva ley de rehabilitación de la planta hotelera, es intervencionista. Lo malo es que el Ministerio de Industria también lo es. La pelea entre las dos administraciones, desgraciadamente, no es una lucha por la defensa de la libertad de los ciudadanos y las empresas: es una lucha de intereses políticos, territoriales y electorales.

Hemos llegado a un punto donde los gobiernos ya no son árbitros, sino que juegan en la economía privada con ciertas ventajas a su favor porque son los dueños del pito. Dicen lo que hay que hacer y los proyectos que se deben acometer, jugando con el dinero que arriesgan otros, e incluso cambian las reglas del juego a mitad del partido.

El Gobierno de Canarias está considerando entenderse con el Cabildo de Gran Canaria y ceder a las presiones de Bravo de Laguna. Para cuando llegue la decisión del Tribunal Constitucional es más que probable que la ley se haya cambiado tanto que ya no la conozca, como diría Guerra, ni la madre que la parió. Que fue el Parlamento macaronésico, la era canaria donde se trillan leyes a las que les entra el polvillo por donde quiera.

@JLBethencourt