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El Palmétum real – Por Ignacio González

   

Los príncipes de Asturias, Felipe y Leticia, inauguraron ayer el de Santa Cruz de Tenerife. Un antiguo basurero, dicen que incontrolado, convertido, gracias a la genialidad de un alcalde, nunca suficientemente valorado, José Emilio García Gómez, en un auténtico vergel. Su sucesor, Miguel Zerolo, invirtió un pastón en la fétida montaña, durante los 16 años que estuvo en el cargo, pero nunca lo pudo abrir. A Bermúdez le tocó el indudable honor de inaugurarlo, y lo hizo en solitario, sin la presencia de los alcaldes anteriores, el que parió la genial idea y quien la ejecutó. Dos clamorosas y muy comentadas ausencias. El Palmétum ocupa el espacio del Lazareto, cerrado en 1983. Su conversión en jardín botánico comenzó en 1995, con la ayuda de fondos europeos, bajo la dirección científica del ingeniero agrónomo Manuel Caballero Ruano y del botánico Carlo Morici. El paisajista Carlos Simón dirigió la construcción de varias cascadas y la plantación de los primeros especímenes en 1996. Para todos ellos, mi felicitación por su imponente obra. Durante años, los políticos chicharreros debatieron sobre el problema del Lazareto. La decisión era difícil: trasladar la basura al nuevo basurero, o dicho más fino, al PIRS (Plan Insular de Residuos de Tenerife), tirarla al mar, o lo que se hizo, taparla. Yo no hubiera hecho el Palmétum allí, junto al Parque Marítimo, sino al contrario, habría desmontado la montaña de basura. Desconozco las razones que llevaron a aquella corporación a conservarla, disfrazada de parque, en ese lugar. Eso sí, adoptada la difícil decisión, que respeto, de dejar el vertedero allí y taparlo, poco a poco, con tierra, hasta convertirlo en el recién inaugurado Palmétum, fue una idea brillante y revolucionaria desde el punto de vista paisajístico y medioambiental. El único pero que le pongo es el excesivo coste, mas de 100 millones de euros, que se enterraron en una montaña de basura, con las necesidades que hay.

Estoy completamente seguro que si José Emilio y Miguel Zerolo hubieran imaginado al principio, hace veinte años, las dificultades del proyecto y la magnitud de la inversión final, nunca lo habrían ejecutado. A veces, las decisiones más baratas salen caras. De cualquier forma, felicito a José Emilio, por la idea, a Zerolo, por ejecutarla, y a Bermúdez, por abrir el parque al público. La presencia de los príncipes en el acto, a parte de la enorme publicidad para la ciudad, dio un inesperado realce al antiguo Lazareto, que ni en sus mejores sueños pensó que un día los futuros reyes de España lo reinaugurarían, como un jardín botánico. Lo que para un viejo vertedero que siempre, desde la transición, tras un breve periodo ucedista, ha sido nacionalista, y seguramente republicano, no deja de ser una desafortunada contradicción. Entre la concurrencia local, cabe destacar la mayoría de los dirigentes vecinales de Santa Cruz, que comparaban sorprendidos el espectacular Palmétum con los abandonados jardines de sus barrios. Algunos concejales del PP que corrían desaforados para sacarse una foto con los príncipes y por supuesto su Ministro acompañante, Soria. Los socialistas también corrían, pero en dirección contraria, para evitar salir en una foto que podía ser muy comprometida en campaña electoral, y más con la que está cayendo. Paulino, que siendo el que más corre habitualmente, de todos ellos, estaba sin embargo quieto y vigilante, junto a Carlos Alonso, por sí acaso. El Obispo, el Capitán General, o como se dice ahora, el Jefe de la Zona Militar de Canarias, el del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, y un largo etcétera de representantes políticos, el ejército y el clero, que no quisieron perderse la que sin duda fue una jornada histórica para Santa Cruz de Tenerife y especialmente para algunos de ellos, a los que se les notaba indisimuladamente que estaban privados. Podemos decir, por fin, habemus Palmétum. Ya era hora.

Ignacio González es Presidente Federal del CCN, Abogado, Economista, MBA, Diputado en el Parlamento de Canarias
@ignaciogonsan