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A un panal de rica miel… – Por Jorge Bethencourt

   

Se trata de ir aprendiendo, que ya es hora. A ver, lección número una: el ciudadano, titular de derechos y deberes, es un mierdecilla que vale en función de la pasta que aporta al negocio común. El ciudadano, las familias y las empresas están para lo que están; para ser productivos, pagar impuestos y sostener al aparato formado por alrededor de cuatro millones de burócratas y políticos que forman la carne y el esqueleto del Estado: la casta. Y como esto es así, la casta cambia las reglas cuando le da la gana. Hace treinte años se publicaban unas cientos de hojas de normas y disposiciones en el Boletín Oficial del Estado.

Hoy son cientos de miles cada año. La casta vive mejor cuanto más tupida y frondosa sea la vegetación legal que la cubre como un manto protector. Hace las leyes y los reglamentos para regular la vida y actividades de los ciudadanos y sus empresas a los que controla a través de esa red de disposiciones difíciles de interpretar y de obligado cumplimiento. En caso de conflicto los que representan al Estado siempre tienen la razón previa. Porque ellos son tú y defienden tus intereses. Si te deben dinero te pagarán cuando les de la gana. Si les debes tú tendrás que pagar con intereses o perder tus bienes.

Hay que ser idiota cum laude para hacer tratos con quien no está obligado a cumplir la ley, porque la hace y la cambia cuando le da la gana. Es lo que les ha pasado a esas miles y miles de personas y empresas que acudieron a un panal de rica miel llamado energías renovables. Se trataba de invertir en la producción eléctrica a través del sol o el viento con la promesa del Gobierno de pagar una prima -o sea más dinero del debido- a los productores de esta energías limpias.

Como casi cada cosa que toca la casta -por ausencia de competitividad y eficiencia- el mercado eléctrico se ha convertido de un pufo de dimensiones elefantiásicas. Treinta mil millones de deuda. Y creciendo. Vamos camino de alumbrarnos otra vez con velas. Así que el Gobierno cambia las reglas del juego y elimina las subvenciones a los molinos de vientos y a las placas solares.

Y a la peña se le queda una cara de pasmo como si de verdad pensaran que tenían un contrato con un tipo fiable que cumple sus compromisos. Lo dicho. Hay que ser idiotas. Si quieres que los gobiernos te respeten cómprate un banco. Si no, paga y calla.

www.jorgebethencourt.es