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Patrañas y falsificaciones – Por Leopoldo Fernández

   

La política, el periodismo y, en general, cualquier actividad humana, está sujeta a errores. Unas veces serán conceptuales, otras de planteamiento, algunas más de resolución, pero siempre, en todos los casos, cabe hablar de equivocaciones, fallos, desaciertos, voluntarios o no, aunque más graves en el primer caso que en el segundo. En las últimas horas hemos podido advertir dos graves desbarres, uno a cargo de ETA y los -así quiero creerlo- involuntarios colaboradores necesarios de la llamada Comisión Internacional de Verificación y el otro protagonizado por ese gran periodista y mejor comunicador que es Jordi Évole, indiscutible figura televisiva de la La Sexta. En ambos casos estamos ante sendas patrañas impropias que dicen bien poco de la rectitud y honradez que cabe esperar de quienes tienen en su mano la capacidad de influir en la opinión pública para suministrarle información rigurosa y veraz, alejada de falsificaciones y engaños a toda pastilla. El que unos respetables mediadores internacionales especializados en conflictos -pese a que el gobierno español no les hace, afortunadamente, el menor caso- se presten a la farsa montada por los terroristas de ETA para escenificar una falsa entrega e inutilización de armas, o el sellado del depósito para su costodia, es un fallo de tal gravedad que echa por tierra toda la labor que de buena fe pudieran haber intentado los seis miembros de la mentada Comisión. ¿Cómo se puede aceptar que cuatro pistolas y otros adminículos de terror sirvan para, más que un acto meramente propagandístico, una tomadura de pelo de grueso calibre en tanto en cuanto los propios terroristas se llevaron luego todos los elementos de semejante montaje, incluidas las armas? La segunda patraña ha sido el desvarío de Évole al montar para su programa Salvados un imaginario y, más que fabulado, falso de toda falsedad reportaje-documental sobre el 23-F. No puede valer todo para conseguir marcas de audiencia, ni en prensa, ni en radio, ni en televisión. Hay cuestiones que, por su dramatismo y trascendencia histórica, no pueden ser tomadas a broma; el intento golpista de Tejero y compañía en1981 es uno de ellos. Además, si algo caracterizaba hasta ahora a Salvados era precisamente su altura de miras, el rigor mayoritario de sus planteamientos, que por supuesto excluye la burla o chacota en cuestiones de interés general o nacional. Ni las disculpas del conductor del programa, ni la inexplicable colaboración de políticos y periodistas, que se prestaron para una gamberrada tan infame, tienen la menor justificación. El servicio a la verdad es condición inexcusable para creer a quienes protagonizan, desde la responsabilidad, el diario acontecer.