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Pensamiento y digestión – Por José Miguel González Hernández

   

Una vez que ya tenemos claramente diferenciado el concepto de crecimiento en el desarrollo, debido a que este último se basa en un proceso integral que supone cambios económicos, así como sociales con un necesario enfoque interdisciplinar, existen grandes discrepancias sobre la manera óptima de alcanzar mayores cotas de progreso, que pueden venir o bien de la necesidad de aumentar los diferentes procesos de inversión en formación bruta de capital físico o a través del conocimiento e investigación, entre otras posibilidades. Las clásicas teorías del desarrollo se basaban en la expansión por la expansión: disponer de recursos ilimitados con un crecimiento par de la población, lo que da como resultado un incremento proporcional de la riqueza a los recursos invertidos con igual distribución de la renta. Todo muy bonito, pero nada que se pueda realizar fuera del laboratorio, porque dicha evolución no puede durar de forma infinita, así que la gestión de la escasez empieza a poner precio a los recursos en función de su uso y rentabilidad. Más adelante, la visión malthusiana de la economía nos diría que la presión de la población llevaría a la economía a un punto en que la sociedad se terminaría por encontrar en el nivel mínimo de subsistencia, debido a que, siempre que los salarios fueran superiores al nivel de subsistencia, la población continuaría creciendo. Pero se constató que la acumulación de capital y las nuevas tecnologías generaban variaciones en la productividad, neutralizando la inmediatez de la escasez, de forma que, en ausencia de un profundo cambio tecnológico, una mayor inversión en formación bruta de capital puede elevar el denominado producto marginal por trabajador y, por lo tanto, la riqueza. De este modo, el crecimiento será impulsado por los sectores líderes del momento, donde toman un especial protagonismo las iniciativas que contienen un creciente mercado de exportaciones en lo que a la dimensión de demanda rentable se refiere, o con estructuras de negocio con economías de escala lo suficientemente potentes como para convertirse en locomotora de arrastre del resto de sectores, hasta que su velocidad haga cambiar el concepto de crecimiento hacia el de desarrollo.

No obstante, hay otras teorías que hacen hincapié en el clima, señalando que todos los países avanzados se encuentran en la zona templada de la tierra. Ahondando más en el tema, la corriente del determinismo geográfico presentó un modelo de explicación para la geografía humana en el que las condiciones climáticas determinaban todas las condiciones de la vida, al mismo tiempo que controlaban las actividades humanas, el grado de civilización y hasta el progreso. Bajo esta premisa, el pensamiento y la digestión eran igualmente procesos biológicos. De esta forma, la evolución de conocimiento se encontraba bajo el influjo del clima, de la dieta, de las enfermedades, así como de la educación y de otras condiciones culturales. Así, la actividad mental variaba de acuerdo con las estaciones, de modo que la tendencia al trabajo disminuía perceptiblemente cuando la temperatura comenzaba a subir. A mediados del siglo XIX, el geólogo suizo Arnold Guyot decía que la naturaleza tropical no podía ser conquistada y dominada excepto por hombres civilizados, armados con toda la fuerza de la disciplina, inteligencia y experiencia industrial, de modo que desde los continentes del norte las gentes del sur esperarían su liberación por la ayuda que la civilización de los continentes templados, que se dignarían a dar a los pueblos de las tierras tropicales oportunidades para ingresar en el movimiento del progreso universal y el perfeccionamiento. Al final resultó que las teorías climáticas o poblacionales podían tener una cierta validez en una determinada época y lugar, pero dejaban mucho que desear como explicación universal. Por fortuna, el saber no ocupa lugar y cultivar el conocimiento hace cambiar determinadas concepciones.

José Miguel González Hernández es ECONOMISTA